-¡¿Sabes cuánto tiempo tardó en difundirse tu foto?! ¡Cuarenta minutos! ¡En cuarenta minutos todo Sternbild ya sabía quién eras!-
-Anick, por Dios. Cálmate un poco.- dijo Annie, intentando tranquilizar un poco a la casi iracunda CEO de SkullBunny.
-¿Cómo quieres que me calme? ¡Hiciste justo lo que te dije que no hicieras!- aulló prácticamente mientras daba vueltas desesperadas por toda su oficina (decorada en un estilo muy gótico y con remaches metálicos por doquier). Anick Lomawien era una mujer sumamente explosiva, un tanto visceral, con un muy mal genio y una voz particularmente chillona, lo que hacía que sus reclamos sonaran aún menos agradables de lo que ya eran.
-Se puede utilizar la misma estrategia que en Apollon, ellos luchan exhibiendo su cara; podríamos hacer lo mismo pero reservándonos mi verdadero nombre. Tampoco es como si yo tuviera familia a quien pudieran atacar, esto se puede...-
-¿Solucionar?- preguntó la jefa mientras veía con desespero a Annie, quien trataba de restarle importancia al asunto. Anaksha sólo trataba de ser paciente con las quejas sumamente exageradas de su jefa, conteniéndose lo suficiente como para evitar golpearle justo en la cara.- ¡Ya me tienes harta! ¡Has estado aquí sólo un breve tiempo y tengo crisis departamentales a cada momento! ¿Sabes el lío que hay en Administración por esto? ¡Todo por tus malditos escándalos!-
-¡Si soy un tamaño problema, entonces no entiendo para qué demonios me contrataste! ¿Sabes cuánto dinero te estoy haciendo ganar con mi "maldito escándalo"?- la semi pelirroja perdió los estribos por un momento y contestó en un tono muy altanero, siseando con desdén desde su superior estatura. Ella era más de la idea de respetar y estar agradecida con el empleador, pero esta mujer sabía sacarla de quicio, así que utilizó un poco de la "actitud empresarial" de Ryan (una que denotaba "Quiéreme o tírame").- Las ventas de SkullBunny en cuanto a la nueva línea de ropa se están disparando. Vi unos informes en el piso de abajo en donde mandaban a re-lanzar la producción de esta temporada con urgencia, aquella de la que YO soy responsable de promocionar. Te estás echando en el bolsillo algunos millones gracias a mí, así que podrás cuestionarme lo que quieras, pero parece que mis técnicas de ventas son mucho más efectivas que las tuyas.- dijo dándose la vuelta, finalizando con la discusión.
-Anaksha, no me dejes con la palabra en la boca... ¡Anaksha!- le gritaba Anick queriéndole obligar a que se quedara, pero la novata no hizo caso y salió azotando la puerta tras de sí.
Al cabo de un rato la chica salió a caminar un poco, la gente la empezaba a reconocer y se vio en la situación de complacer a algunos fanáticos con fotografías y uno que otro autógrafo; la Leona Siniestra ya comenzaba a ganar bastante popularidad y se sentía algo abrumada por ello. No sabía ser el centro de atención, toda su vida la había pasado en bajo perfil; estaba acostumbrada incluso a que la gente la evitara por su manera de vestir. También sucedía que en los conciertos de su banda le costaba trabajo asimilar el hecho de ser seguida con las miradas de las personas; necesitaba consejos rápidamente, así que acudió con quien siempre lo hacía. Segura, sintió que su novio sabría disipar sus dudas sobre este mudo del que aún era muy inexperta.
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-La buena noticia es que estás en boca de todos, Ryan. Apollon está teniendo muchísima publicidad gratis por esto. La mala, es que muy seguramente voy a tener que reunirme con esa horrenda mujer para ver a qué acuerdos llega la compañía con SkullBunny.- decía el CEO Alexander Lloyds con un ademán un poco irritado por esto último.
-No me imagino el regaño que le debe de estar dando su jefa...-
-Y no es para menos, siendo sinceros. Deben de estar ganando igual o más dinero que nosotros, pero controlar la situación en cuestiones administrativas y de publicidad debe de estar siendo el infierno terrenal para ellos.-
-Míralo de este modo: con la atención y el dinero que ganan por cada segundo que pasa, sus honorarios por las horas extras que se queden laborando van a ser bastante generosos.- dijo con una sonrisa, mientras tomaba asiento frente al escritorio del jefe.
El señor Lloyds tomó el control remoto de la pantalla de plasma y sintonizó todos los canales: noticieros, programas de chismes, shows de entrevistas y demás.
-En todo... ¡Están en todo! No me sorprendería que de un momento a otro estén sacando cajas de cereal con sus rostros plasmados en ellas.-
-Agnes debe de estar graciosísima justo ahora...- dijo el Príncipe de la Gravedad Errante, pensando en voz alta, más bien.
-¿Por qué lo dices?- preguntó Alexander curioso.
-Apostaría a que debe de estar furiosa porque esto se le haya salido de las manos, pero al mismo tiempo más feliz que un niño en navidad por toda la popularidad que esto está teniendo. Ya la puedo imaginar... saboreando todo ese rating.- dijo para romper a reír, a lo que el CEO lo acompañó de una breve carcajada cuando el intercomunicador del teléfono sonó.
::Señor, Black Xiaji está en el edificio. Solicita ver a Golden Ryan.:: dijo la gentil voz de la recepcionista. Ambos hombres en la oficina parecieron sorprendidos, así que dejaron que la curiosidad fluyera y dieron rienda suelta a la investigación, mirándose uno al otro con cierta complicidad.
-Envíala a mi oficina.-
-Buenas tardes, Señor Lloyds, con su permiso.- dijo Annie mientras abría la puerta de la oficina de la cabeza de Apollon Media.- ¡Ryan! Hola.- dijo al notar la presencia del héroe con una sonrisa en el rostro. El Príncipe de la Gravedad se acercó a recibirla con un discreto beso y la tomó por la cintura en lo que la invitaba a tomar asiento frente al escritorio del jefe, quien le tendió la mano para saludarla.
-Anaksha, qué bueno conocerte al fin. Ryan me ha hablado mucho sobre ti.- dijo con una sonrisa.- Espero que no te incomode estar en mi oficina, pero quería hablar contigo y con Ryan un poco sobre algo.-
-Ya puedo suponer de qué...- respondió la chica con una sonrisa melancólica y bajando los hombros.
-Oh, descuida. Yo no voy a regañarte ni nada parecido, me parece que con Anick ya tuviste suficiente, aunque no me explico como es que la has soportado tanto tiempo.- se cuestionó, a lo que la chica hizo una mueca que denotaba un poco de preocupación, y ni Lloyds ni Ryan lo pasaron por alto.
-En realidad... no lo hice.- dijo suspirando pesadamente.- Me temo que hoy me desesperé más de la cuenta y tuve una discusión con ella, incluso salí del edificio mientras ella seguía discutiendo y gritando. Me siento un poco mal por ello, pero no iba a poder controlarme si me quedaba...-
-Conozco a Anick Lomawien desde hace algunos años y jamás me agradó su actitud, por eso pocas veces Apollon Media accedió a distribuir la música de sus sellos discográficos. Por otra parte, tengo que admitir que me sorprendió que de un momento a otro decidió involucrarse en el negocio de los héroes, ella siempre trató de mantenerse alejada de eso; una vez la escuché decir que la idea de los héroes le parecía "banal e hipócrita". Supongo que vio el potencial de ingreso que este negocio representa.-
-A mí también me tomó por sorpresa que me contrataran tan de repente...- confesó la semi pelirroja.
-A propósito de ello, me gustaría hablar con ustedes dos de algo; esto es tan sólo una idea en proceso que me gustaría que se realizara la próxima temporada.- ambos héroes delante de Lloyds asintieron mirándose con curiosidad y se dispusieron a escuchar.- Ustedes saben que los contratos de los héroes con las compañías y patrocinadores se renuevan cada año dependiendo de la eficacia de los mismos ¿Cierto? Bueno, pues me gustaría que Annie dejara SkullBunny para la próxima temporada.-
Ryan y Anaksha abrieron los ojos tanto como pudieron, estaban entendiendo perfectamente lo que Alexander Lloyds les estaba queriendo decir. La chica que seguía sin poderlo creer, quiso preguntar algo:
-¿Para que yo pueda...?-
-Unirte a Apollon Media. Seríamos no sólo la primera empresa que implementó la idea de los dúos y tríos de héroes, sino que hasta podríamos patentar el concepto del primer equipo de héroes. El Apollon DreamTeam.-
-Whoa! ¿Es en serio?- preguntó el rubio, quien tenía la expresión más sorprendida de todas.
-Ya le he planteado la idea a Agnes y nos dio luz verde, aunque aún hay que hablarlo con Barnaby y Kotetsu. ¿Qué dices, Anaksha? ¿Te unirías a Apollon el próximo año? Saito te hará el mejor traje que podrás tener y estarás reunida con tu novio y amigos; y no es por presumir, pero yo no grito tanto como Anick.- dijo feliz Alexander Lloyds, riéndose de lo último. Annie se levantó del asiento con una sonrisa que iluminaba toda la habitación y esta vez, ella le tendió la mano al CEO.
-Señor... ¡Sería un honor!-
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-...te lo juro, me siento como la basura más grande del mundo. No merezco ser su hija.-
::Va a perdonarte, lo presiento; con lo que me has contado, se nota que te quiere muchísimo.::
Kaede había estado los últimos días recluida en su habitación, salía a la escuela y regresaba directamente a su hogar, sólo salía de su cuarto para lo estrictamente necesario. Sentía mucha vergüenza con su abuela y con su tío por cómo reaccionó cuando su padre le confesó estar teniendo un romance con su amor platónico. Y claro que sentía aún más vergüenza de hablar con su progenitor; varias veces cogió el teléfono pero sólo lo miraba, incapaz de poder hacer algo. Barnaby le atraía muchísimo e incluso ella misma sabía que sólo se quedaría en un cariño unilateral; aún así tenía la esperanza de que, por ser el compañero y amigo de su padre, ella pudiera tener una oportunidad de salir con el conejo. Después de todo... ¿la esperanza se pierde al último, no es así?
Desde hace algún tiempo, o para ser más precisos, unos dos meses después del incidente de la Diosa en Sternbild, Kaede había conocido a un chico en línea; tal vez unos cuantos años mayor que ella. Se toparon por casualidad en una página de conversaciones anónimas y parecieron llevarse tan bien que intercambiaron números de teléfono y desde entonces se comunicaban casi todos los días. El chico conocía a Kaede con el sobrenombre de "Kae" y ella a él como "Odine".
El tal chico Odine, sabía de los muchos problemas que tenía la chica, pero no a detalles completos, obviamente. Tan sólo sabía que su padre había empezado a salir con el sujeto que alguna vez ocupó un rincón en el corazón de la chica. Pero algo más había entre ellos, algo que los unió en momentos de solidaridad y empatía: ambos eran NEXTs. A Kaede se le había escapado mencionarlo en un momento de descuido y el interlocutor se emocionó al responder que él también lo era.
-Y justo ahora no sé qué hacer... me da mucha vergüenza estar aquí. No puedo ver a nadie a la cara.- se lamentaba la niña, mientras contaba sus preocupaciones a Odine, quien estaba al otro lado del teléfono.
::Se me ocurre algo... pero tal vez pienses que estoy loco.::
-Justo ahora soy toda oídos.-
::Ven a vivir conmigo a la ciudad. Hay un refugio para personas NEXTs en un lugar seguro y discreto.::
-¡Claro que estás loco! No puedo dejar mi casa... jamás me lo perdonarán.-
::Kae, porque te quiero... necesito que vengas. Con tus habilidades NEXT, el Maestro les puede ofrecer a ti y a tu familia seguridad.::
-¿Seguridad... de qué?- preguntó la castaña con un poco de escepticismo.
::Algo grande se avecina, Kae. Los NEXT que estamos refugiados aquí estamos formando un pequeño ejército para derrocar a los humanos..::
-¡No todos los humanos son malos! Se que tus padres te abandonaron desde muy pequeño al temer a tus poderes, pero hay personas buenas...-
::Lo sé, por eso te digo que el Maestro puede ponerte a ti y a tu familia a salvo.::
-¿Quién es el maestro?-
::Ven a Sternbild y averígualo tú misma.:: dijo divertido ::Lo siento Kae, tengo que irme. Hazme saber si contamos contigo.::
¡¿Pero qué demonios?! ¿Un ejército de NEXTs? ¿Los héroes sabrían de esto...? ¡Claro que no! Si así fuera ya habrían hecho algo al respecto. Era claro lo que Kaede tenía que hacer, tenía que alertar a la Primera Liga sobre esto. Pero... si lo hacía... sabrían que ella tiene una conexión cercana con ellos; tal vez si decía algo, todos los seres queridos de todos los héroes se verían afectados.
Kaede ya no quería causar más problemas, pero quizá causar problemas era la mejor forma de solucionarlos.
Decidió que se redimiría con su padre, que compensaría todas las heridas que le provocó aquel día con el filo de sus palabras; se disculparía de una forma en la que no hubiera modo de que le dijeran que no. Ya no decepcionaría más a su padre... nunca más.
Una mezcla de arrepentimiento, frustración, convicción y escepticismo inundó sus interiores al mismo tiempo en el que vaciaba algunos cajones de ropa para guardarla en una mochila mediana; comprimió tantas prendas como pudo, contó el monto de sus ahorros y se sentó a escribir una carta:
"Querida familia:
Perdón por irme así de la nada y en medio de la noche, he cometido muchos errores y los quiero enmendar. He dejado mi teléfono celular pero yo encontraré la forma de comunicarme con ustedes en cuanto pueda. Voy a estar bien, voy a un lugar seguro con gente de confianza pero por el momento no puedo decirles a dónde me dirijo.
Abuela, tío... no se preocupen, por favor. No quiero causar más problemas a nadie, pero tengo que componer el lío que he causado. Si papá llega a leer esto... díganle que lo lamento, y a Barnaby también.
Estuve completamente fuera de lugar, ahora lo puedo ver. Desde que mamá murió, él jamás había visto con ojos de amor a otra persona; mantuvo un duelo durante tanto tiempo, que fue tan injusto de mi parte...
... quisiera decirle que lo lamento. Que lo lamento tanto. Decirle esas cosas estuvo muy mal, y me da gusto que por fin pueda compartir una vida con alguien que ama. Lamento que haya tenido que pasar esto para yo poder comprenderlo como ahora lo hago. Y me lamento muchas cosas más, pero no basta con ello; tengo que hacer algo al respecto. Por eso me voy, porque necesito enorgullecer a mi padre, necesito ser digna descendencia de Wild Tiger.
Los quiero a todos, pero esto es algo que debo hacer.
No me guarden rencor.
Los ama, Kaede."
-¿Entonces dice que encontró la nota sobre su cama?- preguntó Barnaby por teléfono a la desconsolada abuela, Anju Kaburagi. Kotetsu después de haber escuchado el texto de la carta, tuvo un ataque de nervios y corrió directo al baño para abrazar al inodoro y devolver el contenido de su estómago.
::Así es... encontré la nota hace unas tres horas, pero no les avisé de inmediato porque Muramasa salió a buscarla por todo el pueblo con la esperanza de encontrarla, pero no lo hizo. También llamamos a las casas de sus amigos y a los hospitales; no quise reportarla a la policía por que Kotetsu puede hacer más que las autoridades locales... y justo ahora no sé qué hacer, no sé a dónde se dirige... no se si está a salvo.:: con esto, la anciana rompió a llorar.
-La encontraremos, no se preocupe. Estará sana y salva; justo ahora si no se ha topado con otro NEXT, tiene nuestros poderes. Nadie le hará daño.-
::Y además a estas horas de la madrugada... Barnaby, no dejes que le suceda nada.::
-Ella estará bien. Vamos a empezar las investigaciones lo más pronto posible.-
::Confío en ustedes para ello, pero ahora me refiero a Kotetsu. Él... no tiene estómago para esto, tienes que mantenerlo cuerdo... guíalo por el buen camino, no dejes que la desesperación lo sobrelleve.:: dijo la abuela, a lo que el conejo sintió un escalofrío recorrer su espalda. Sintió un poco de temor al imaginar a Kotetsu en un estado irracional, así que le prometió a la madre de su amante y al él mismo que haría todo lo que estuviera en sus manos para ayudar al tigre. Ahora todos los Kaburagi se habían convertido en su familia, y no iba a permitir que ninguna situación los desquebrajara.
Kotetsu, por su parte, se levantó cuando sintió que su estómago no tenía nada más por devolver, enjuagó con un poco de agua su boca y cara para después correr a vestirse con un par de pantalones y una camisa, tomar sus llaves y celular; salió muy apresurado atravesando su hogar hasta la puerta, seguido de cerca por Barnaby, quien se vistió con asombrosa rapidez al ver la ansiedad del tigre. El moreno salió olvidando cerrar la puerta tras de sí. Fuera estaba oscuro como boca del lobo intensificando el malestar del ambiente, la luna era apenas visible como un creciente delgado en el cielo y con la prisa en el andar del veterano, éste se tropezó con una piedra cayendo de rodillas.
No se levantó, se quedó ahí contemplando su miseria, imaginándose hasta los más descabellados escenarios de peligro para su pequeña niña. Barnaby se abalanzó a abrazarlo gentilmente por la espalda.
-Kotetsu... va a estar bien.- el moreno lloraba ahogadamente al mismo tiempo que le costaba trabajo respirar. Sentía como si sus pulmones hubieran colapsado y estuviera a punto de hiperventilarse. Se volteó con Bunny para verle directo a los ojos y lo tomó de los hombros con leve brusquedad.
-¿Me ayudarás... a encontrar a mi hija?- articulaba con trabajo mientras las lágrimas escurrían de su rostro cayendo al piso, mojándolo.
-Ella es mi familia ahora, no dejaré que nadie lastime a mi familia. La vamos a encontrar... la vamos a encontrar.- decía el conejo, mientras abrazaba ansiosamente la cabeza del veterano asintiendo con cierto nerviosismo. Así estaban encontrando cierto consuelo uno en el otro, ahí, en medio de la abandonada calle a aquellas horas tan tardes que podrían ser tempranas a la vez, cuando el celular de Kotetsu sonó. Ambos hombres se espabilaron rápidamente y Tiger contestó de inmediato.
-¡¿Kaede?! ¿Eres tu?- preguntó casi gritando.
::Si, papá... lo siento.::
-¡¿Estás bien, hija?!-
::Papá... yo se que no puedo pretender nada de ti. No estoy en posición de hacerlo, pero necesito pedirte un favor.:: la voz de la niña estaba apagada y triste, además de que sonaba como si quisiera que nadie más la escuchara.
-¡Dime dónde estás, por favor! ¡Iré por ti de inmediato!- pidió el asustado padre ignorando casi por completo lo que su hija le acababa de decir.
::Eso es lo que tengo que pedirte... no me busques ni me reportes como desaparecida. Yo me comunicaré contigo, por ahora no puedo decirte en dónde estoy, pero te aseguro que estoy a salvo.::
-¡Kaede! ¡Por favor, hija! ¡Regresa a casa...!- la chica al otro lado del teléfono comenzó a llorar un poco al escuchar cómo su padre clamaba por ella. Barnaby al ver que la desesperación empezaba a adueñarse casi por completo de Kotetsu, le retiró el teléfono con delicadeza y le dio un suave beso en la frente, cosa que tranquilizó sobremanera al moreno.
-Kaede, soy yo, Barnaby. ¿Estás bien?- preguntó disimulando perfectamente la preocupación que él mismo también acarreaba.
::Si, Barnaby... necesito que por favor no me busquen por ahora. Confíen en mi, yo les estaré informando cada que pueda.::
-Estoy presintiendo que te metiste en un lío muy serio en bajo perfil... ¿estoy en lo correcto?-
::Algo así... por eso necesito que no den señal de alarma.::
-¿Tienes a alguien que te cuide ahí?-
::A dos personas... y una de ellas no creerías quién es...::
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domingo, 5 de julio de 2015
martes, 23 de junio de 2015
Su Majestad: Rey(na) de los Héroes. Capítulo 12. Existencias agridulces.
Tan sólo pasaron un par de días desde que Kotetsu y Barnaby habían visitado a la madre de los Kaburagi, pero Tiger estaba inmerso en un mar de emociones encontradas; estaba desconsolado, deprimido, destrozado por dentro. Su propia hija lo había negado.
Pero también entendía que no había nada por lo que tuviera que arrepentirse, ciertamente amaba más de lo que podía imaginar a Bunny, y esperaba que Kaede lo pudiera llegar a entender, pero le asustaba que no lo hiciera, ya que eso lo pondría en la posición de tener que elegir a uno de ellos. Por ahora no quería pensar en ello, así que intentó concentrarse en el trabajo lo mejor que pudiera, y aunque le resultó efectivo, no era nada agradable sentirse como lo hacía.
En tan sólo ese par de días, Wild Tiger había sumado 600 puntos en el marcador, Barnaby intentaba animarlo lo mejor que podía (aunque el conejo nunca se consideró bueno para ello), sus compañeros lo felicitaban por ya no hacer tantos destrozos al momento de hacer sus arrestos o salvar inocentes, y aunque la técnica que utilizaba era eficaz, el sentimiento que ésta le dejaba no era reconfortante.
Aquella noche en particular, el dúo se encontraba descansando en el hogar del tigre; tan sólo querían sentarse en el sofá a ver tranquilamente la televisión, donde anunciaban que una foto aficionada había logrado captar a Black Xiaji mostrando su verdadera cara. A ambos les preocupó un poco esto, ya que no sabían si Annie y Ryan sabían de esto, pero siendo honestos, Kotetsu sólo tenía cabeza para pensar en una cosa en particular.
-Has estado muy bien estos días... te estás tomando muy en serio lo de aprovechar el antídoto ¿no es así?- intentó distraer el rubio con esta pregunta al ver la expresión tan dispersa que el moreno tenía.
-En realidad es porque... sólo esto me queda... no... no puedo perder esto tampoco.- respondió con la voz quebrada y con un semblante amargo.- Bunny, sé sincero conmigo... ¿crees que me perdonará?- Barnaby comprendió lo que quería decir, así que se levantó de donde estaba para sentarse junto a Kotetsu y poner una de sus manos sobre las de el.
-¿Hiciste algo malo?- preguntó clavando su mirada en los ojos enmielados del moreno.
-¿Bunny...?-
-¿Te arrepientes de esto? ¿De haberme confesado que me amas?-
-¡Por supuesto que no!-
-Entonces no tienes que disculparte por nada, así como Kaede tampoco tiene que perdonarte nada. Sólo está en una etapa difícil y le va a tomar un poco asimilarlo, pero estoy seguro que lo entenderá.-
-Pensé que cada vez se estaría pareciendo más a Tomoe, pero esto fue distinto, ya no sé qué hacer o qué decirle... se me está saliendo de las manos.-
-Kotetsu, déjame preguntarte algo... ¿Alguna vez Tomoe tuvo algún desliz emocional? ¿Que de repente no se comportara como siempre lo hacía?- el tigre analizó la pregunta unos segundos y respondió.
-Ahora que lo mencionas, hubo un par de veces en las que ella explotaba por cualquier cosa, pero fueron muy pocas, quizás dos o tres. Inmediatamente asumí que se trataba de su... periodo o algo parecido.- contestó un poco sonrojado por decir este tipo de cosas.
-Bueno, estoy especulando, claro, pero... ¿y si Kaede reaccionó así por la misma razón?- dijo Barnaby, al mismo tiempo en el que sus mejillas se tornaban en un adorable tono rosado.
-¿Qué...? ¡Whoa! No quiero pensar si mi hija está, bueno... ya sabes, en "ésos" días.-
-Ya está hecha toda una adolescente, viejo. Tienes que tener más presentes sus estados emocionales y sus cambios corporales, manteniendo tu distancia para que no se sienta invadida.-
-¿Dándome consejos de paternidad, Bunny?- sonrió divertido el veterano. El conejo se acercó más a él, buscando un poco más de contacto acurrucándose en el pecho del moreno.
-Sólo te brindo ligeras recomendaciones.-
Por alguna razón, Kotetsu se sintió más aliviado con las palabras del rubio, tal vez Kaede estaba sufriendo caóticos cambios hormonales y a esa edad, usualmente las personas se convierten en bombas emocionales con un temporizador terriblemente impredecible. Hizo pequeños planes para la noche: llamaría a casa, hablaría con su madre y su hermano, y si su hija lo permitía, también conversaría con ella; no había considerado todo esto de la adolescencia azotando a su hija, y tal vez lo único que tenía que hacer era mostrarse más comprensivo con su pequeña niña, que se había vuelto toda una señorita ya.
-Gracias, Bunny.- dijo mientras cepillaba con sus dedos los rubios cabellos del conejo. Barnaby se limitó a asentir mientras disfrutaba las caricias en su cabeza. Probablemente nunca hubiera dejado que absolutamente nadie tocase su cabellera, y eso Kotetsu también lo sabía, pero en ése momento, sucedía algo muy íntimo que hacía que tanto el conejo disfrutara de las caricias, como el tigre de brindárselas.
Una de las manos del veterano bajó un poco más, abriéndose paso entre cabello y cabello, para tocar un poco de la hermosa piel perlada de Barnaby; pasando por el cuello, esa pecaminosa curvatura que lo podría volver loco, su palma se movía con ansiedad mal disimulada sobre el hombro del rubio, hasta que la tentación lo doblegó y se movió suavemente para depositar un suave beso cerca de la manzana de adán del ojiverde.
Barnaby disfrutaba de las caricias, su cuerpo se impacientaba por reaccionar y en su garganta se ocluía aquella desesperada petición que demandaba contacto; pero por primera vez, se veía sobrellevado por sus deseos y toda disciplina de autocontrol se desvaneció por completo al reflejarse un sonrojo notorio en las mejillas del conejo. El veterano le estaba dando a conocer nuevas sensaciones; y como pintaban las cosas, Kotetsu iba a seguir regalándole muchas primeras veces.
-Si quieres... podemos...- decía el ojiverde con una voz entrecortada, tratando de concentrarse en hablar y no en los apasionados besos que Tiger le propinaba en torno a su cuello.- puedo... hacerte sentir mejor.- ¡y vaya que se apenó al decir esto último! Pero no era mentira. El moreno se separó un momento y analizó lo que su amante había dicho.
-¿Tu...? ¿De verdad?- se sintió un poco extrañado que la mayoría de las veces en las que hacían el amor, eran propuestas del rubio. Claro que Barnaby con lo joven que era, tenía necesidades físicas que Kotetsu estaba dichoso de poder complacer.
-No me mires de esa forma, todo esto es tu culpa.- respondió el ojiverde mientras volteaba a otro lugar, más sonrojado aún.
-¡¿Qué?! ¿Mi culpa? ¿Y por qué?-
-Porque tú me estas volviendo adicto a esto...-
-¿Y te desagrada, Barnaby?- dijo con una voz grave y ronca, acentuando cuán varonil podría llegar a ser. Fue algo demencial y seductor, y Barnaby no lo dejó pasar.
El conejo no pudo articular palabra alguna y dejó caer con suavidad sus hombros; sin hacer contacto visual se levantó del sofá y se retiró la chaqueta, se acomodó el cabello refrescando un poco la piel de su cuello, a la vez que se dirigía escaleras arriba, ahí en donde se encontraba el lecho de Kotetsu.
El veterano por puro instinto siguió al rubio como si de una presa se tratara; lo seguía con un andar sigiloso, subiendo cada escalón pensando en qué se encontraría cuando llegara a su habitación. Su respiración se tornó un poco agitada y por reflejo se lamió los labios, era casi como si ya pudiera saborear la piel del conejo. Cuando entró a su habitación, vio a Barnaby desnudo, recostado en la cama de una manera muy tranquila y natural; yaciendo sin pena ni gloria, sin ninguna expresión facial... como el conejo en la pradera, esperando a que llegase el tigre y lo devorara.
Así lo entendió Kotetsu, con ese mismo sentimiento se acercó a Barnaby para besarlo tiernamente, pero de sus ojos brotaban discretas lágrimas que ninguno de los dos esperaba.
-¿Te encuentras bien para esto...?- preguntó el rubio preocupado, mientras sostenía el rostro del moreno.
-Sí, es solo que esta situación... y verte así como estás ahora...- Kotetsu limpió su rostro y puso su mano sobre la del ojiverde en su rostro y la besó.- Nunca pensé que me dejarías verte así, y que lo hagas me pone muy feliz. Creo que estoy hecho un sentimental justo ahora... Bunny.-
El conejo sentía que sus ojos se aguaban igualmente, pero reprimió las ganas de llorar y se acercó a besar con dulzura y pasión los labios del tigre.
La noche envolvió a los hombres en un manto de amor carnal, expresado con formas y figuras casi cinésicas; sentían como si fluyera entre sus cuerpos una rebosante sinergia que se dejaba abandonada al vicio y la concupiscencia. Las llamas lascivas ardían con subjetividad provocando un frenesí dentro del mismo éxtasis en donde se encontraban en total sumersión.
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Cuando Barnaby despertó desnudo, envuelto en sábanas y se percató de que se encontraba solo, se levantó, y cubriéndose con la camisa del tigre salió de la habitación; notó que Kotetsu estaba sentado en las escaleras, sosteniendo el teléfono y mirando a la ventana, sin hacer nada más.
El tigre contemplaba la espesura de la noche, viendo las pocas luces de la megalópolis que se alcanzaban a ver desde su ventana, aunque "pocas" era un término sumamente relativo. La ciudad era realmente hermosa y peligrosa; suponía que ése era el principal factor por el cuál Kaede no vivía con él. El pueblo, por otra parte, era sumamente tranquilo y el negocio familiar iba bien, aún mejor cuando su familia no tuviese que preocuparse por emergencias económicas; la paga de héroe ciertamente era generosa, pero había algo que Anju Kaburagi había dicho en alguna ocasión, que sin ninguna duda era bastante verdadero: ¿De qué servía tanto dinero si Kotetsu resultaba herido? Intentaba no pensar demasiado en ello, aunque a veces se consideraba un total egoísta, ya que colocaba como prioridad su trabajo en la Primera Liga que su rol como padre; todos en su casa lo comprendían y no se lo reprochaban, pero no podía dejar de culparse de que tal vez fue por esa misma falta de apoyo que su hija hubiese reaccionado de tal manera con la noticia de su amorío con Barnaby.
-¿Qué haces?- la voz del rubio rompió con el silencio y sus pensamientos se callaron de igual manera.
-Yo... quiero llamar a casa, pero por alguna razón no puedo.- dijo sonriendo melancólicamente por lo bajo, el ojiverde tomó asiento junto a él.
-¿Crees que debes hacerlo? Si es así, entonces sólo tienes que marcar el número.- dijo el conejo, mientras tomaba la mano del moreno y la acercó al teléfono.- Lo haremos juntos ¿de acuerdo?- se sonreían uno al otro con cariño.
-De acuer...- decía el veterano, pero se vio interrumpido por un ruido proveniente del mismo teléfono que sostenían. Curioso... el número que se registraba era el mismo que planeaban marcar, el de la casa de Kotetsu. Se miraron con extrañeza y el moreno puso el altavoz.
-¿Mamá? ¿Qué suced...?-
-¡¡Kotetsu!! ¡¡Gracias al cielo que contestas!!-
-Mamá, tranquilízate... ¿Qué es lo que pasa?-
-¡Es Kaede...! ¡¡Se ha escapado!!-
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-... sólo recuerde comer sanamente y no hacer ejercicio excesivo. Tendrá que acudir a revisión una vez cada quince días por tres meses y si presenta alguna molestia, venga de inmediato.- decía el doctor Halsey mientras terminaba de llenar el papeleo correspondiente para el alta del hospital de Keith.
-Gracias, doctor. Y de nuevo, muchas gracias.- dijo el héroe del aire muy contento con el trato que se le había brindado en la sala de urgencias del Centro Médico de Sternbild. Un par de siluetas se asomaron por entre las puertas de su habitación en el hospital, aquellas lo recibían con júbilo, y se alegraban de que ya estuviera dispuesto de ir a casa; el actual Rey de los Héroes les devolvió una sonrisa llena de su particular carisma y su entrañable alborozo.
Keith no se consideraba a sí mismo una persona complicada, de hecho, hasta podría describirse como una persona extremadamente fácil de complacer; a él lo único que realmente le hacía feliz era el simple hecho de estar vivo y todo lo que ésto implicaba. Poder respirar, sentir, escuchar, saborear, ver... volar. No era como si tener sus poderes NEXT fuera parte fundamental para que disfrutara la vida, ya que pensaba que podría hacerlo incluso siendo sólo humano, pero también agradecía la bendición de haber nacido con sus dones.
-Gracias por traer a John, Ivan. Es muy amable de tu parte.- decía el Rey mientras acariciaba efusivamente la cabeza y orejas del labrador que lo lamía y lamía devolviéndole los cariños.
-Es lo menos que puedo hacer, Keith. Me alegro de que ya se encuentre mejor.- contestó el joven Origami, quien aún se sentía responsable y apenado por los sucesos ocurridos aquella ocasión en la mansión Goldsmith.- Sólo hay que pasar a la recepción a firmar el alta y nos podemos retirar. ¿Le parece bien?-
-¡Me parece perfecto! Ya siento que mi cuerpo extraña mi cama.- bromeaba el Rey, mientras clavaba sus grisáceos ojos en los amatistas de Ivan.
Cuando salieron del centro médico habiendo terminado con todas las formalidades, llegaron al hogar de Keith; el chico Ivan no estaba muy seguro de querer adentrarse, ya que estar ahí junto al héroe del aire lo consideraba algo muy íntimo. Claro que ya había estado en aquel domicilio antes para mantener la limpieza del lugar y atender a John, pero ahora era diferente. Compartiría el espacio personal del Rey y se preguntaba si el monarca se lo permitiría. No sabía qué era lo que estaba pasando, pero sentía como rápidamente le iba inundando una sensación de impotencia y desesperación.
-¡Pasa, por favor! ¡Siéntete libre de considerar mi hogar el tuyo!- decía con regocijo, a lo que el chico, al ser una petición del hombre de ojos grises, obedeció con cierta ansiedad en sus modos.- ¿Puedo ofrecerte algo de beber?-
-¿Se siente bien? Yo podría hacerme cargo de todo en lo que usted se toma un descanso...- Ivan se percató de sus sudorosas y temblorosas manos, intentó disimular pero la voz se le quebró.
-¡Me siento genial! Ya has hecho demasiado por mí, Ivan.-
-¡¡No es verdad!!- gritó el chico Origami inconscientemente, pero no se detuvo. Algo era cierto: la culpa lo estaba carcomiendo por dentro, quemaba sus interiores con remordimiento, quería detenerse pero su cuerpo ya no le respondía.- ¡Deje de ser tan amable con el hombre que casi hace que le asesinen! ¡Usted sabe que fui yo el responsable de su incapacidad! ¡Por lo menos diga que no me soporta! ¡Que me quiere dejar de ver un tiempo!-
Keith se frenó en seco mientras terminaba de servir un vaso con agua, y con los ojos estupefactos lo comprendió todo. Se sintió como un verdadero estúpido y sí, hasta culpable. El chico le había estado mostrando todas las señales: pasear a John dos horas dos veces al día, no presentarse a las persecuciones de Hero TV al permanecer cuidándolo, las constantes preguntas al doctor de cuándo sería que sanaría, las interrogantes de si el Rey necesitaba algo... era obvio. Ivan se sentía culpable y él mismo se lo había dicho cuando despertó el primer día. Pensó haberle disipado esa duda (ridícula, a su parecer), pero si él mismo se vanagloriaba de querer expresar mejor sus sentimientos, tendría que ser más empático con el joven rubio. Dejó el vaso en la barra y se acercó al chico quién ya estaba soltando algunas pequeñas lágrimas frustradas, Keith le tomó por la mano y ambos tomaron asiento en el sofá.
-Ivan... ¿Tú quieres dejar de verme?-
-¡Por supuesto que no! Pero entiendo que todo esto pasó por mi culpa y estoy dispuesto a aceptar cualquier escarmiento que quiera darme...-
-Esto no fue tu culpa, Ivan. Frank Martínez de cualquier manera habría hecho esto. Deja de responsabilizarte por cosas que suceden ajenas a tus decisiones.- dijo bajando la cabeza, como buscando que Origami le mirara. Hizo una pausa al ver que el chico se sentía muy apenado como para hacer contacto visual, y suspiró pesadamente dejando caer sus hombros, esbozando una sonrisa triste.- Por otro lado, disfruté mucho que hayas permanecido a mi lado y me gustaría que siguieras haciéndolo, pero ahora porque lo desees así y no impulsado por la culpa ¿Puedes?-
-Yo... no quiero causarle más problemas.- dijo mientras se encogía de hombros, reprimiendo unas cuantas lágrimas más y sonrojado levemente.
-Quédate a mi lado y así no los causarás. Tu presencia me hace feliz.-
Había pasado ya un buen rato desde que el par de rubios se quedaron en silencio, sólo sosteniéndose de las manos y mirándose a los ojos; Ivan sentía como si quisiera decir mil cosas, pero al mismo tiempo su boca no sabía cómo articular palabra alguna. De un momento a otro, Keith rompió con el silencio, tomó las manos del chico con más fuerza y las llevó a su rostro para acariciarlas con su mejilla como si de un objeto precioso se tratara.
-Gracias por todo Ivan, y de nuevo...- dijo para después soltar una pequeña sonrisa por lo bajo y dejar su habitual frase inconclusa para llevar su rostro frente al de Origami, rozando suavemente sus labios, muy gentilmente. Después se alejó un poco y se recargó en el respaldo del sofá; John subió para acomodar su cabeza en el regazo del Rey y hacerse un ovillo para dormir, a lo que Keith sólo cerró los ojos manteniendo esa plácida sonrisa en su rostro. Se encontraba agotado, era de esperarse.
En aquel momento, Ivan se encontraba perplejo e incapaz de reaccionar, así hubiera irrumpido en la habitación todo Ouroboros para atacarle, él se encontraría indefenso. El chico se encontraba en un total blanco. Con esta misma inercia que hacía que siguiera respirando sin pensar, se llevó la mano a los labios que todavía parecían recordar el contacto. El leve sabor y el sutil aroma de Keith se veían impresos en él, las palabras dichas esa noche volvieron a retumbar en su mente... "Quédate a mi lado" "...pero ahora porque lo desees así..." ¿Qué sería todo aquello? Ciertamente no se hubiera molestado en que aquel beso hubiese sido más profundo...
¡Era de verdad! ¡No estaba soñando! ¡El Rey le había besado! ¿Qué habría hecho que provocara que lo hiciera? ¿Y... podría repetirse? Su corazón latía con abrumadora fuerza, casi se podían escuchar sus latidos si se quedaba en silencio. Calló esos pensamientos en su interior y miró al bien formado y amable rostro de Keith; no sabía qué hacer, estaba como ausente y pensaba que debería marcharse a su hogar. Pero decidió ser un tanto más atrevido de lo que era habitualmente y tomarle la palabra al Rey: "Siéntete libre de considerar mi hogar el tuyo." Así que sólo se limitó a juntar su cuerpo un poco más al de Keith y cerrar los ojos. Tan simple como eso... y tal vez, de igual manera descarado.
No le importó ya demasiado, él mismo se encontraba también muy cansado y había gastado toda su energía restante en el asunto del beso... aquel hermoso beso...
Pero también entendía que no había nada por lo que tuviera que arrepentirse, ciertamente amaba más de lo que podía imaginar a Bunny, y esperaba que Kaede lo pudiera llegar a entender, pero le asustaba que no lo hiciera, ya que eso lo pondría en la posición de tener que elegir a uno de ellos. Por ahora no quería pensar en ello, así que intentó concentrarse en el trabajo lo mejor que pudiera, y aunque le resultó efectivo, no era nada agradable sentirse como lo hacía.
En tan sólo ese par de días, Wild Tiger había sumado 600 puntos en el marcador, Barnaby intentaba animarlo lo mejor que podía (aunque el conejo nunca se consideró bueno para ello), sus compañeros lo felicitaban por ya no hacer tantos destrozos al momento de hacer sus arrestos o salvar inocentes, y aunque la técnica que utilizaba era eficaz, el sentimiento que ésta le dejaba no era reconfortante.
Aquella noche en particular, el dúo se encontraba descansando en el hogar del tigre; tan sólo querían sentarse en el sofá a ver tranquilamente la televisión, donde anunciaban que una foto aficionada había logrado captar a Black Xiaji mostrando su verdadera cara. A ambos les preocupó un poco esto, ya que no sabían si Annie y Ryan sabían de esto, pero siendo honestos, Kotetsu sólo tenía cabeza para pensar en una cosa en particular.
-Has estado muy bien estos días... te estás tomando muy en serio lo de aprovechar el antídoto ¿no es así?- intentó distraer el rubio con esta pregunta al ver la expresión tan dispersa que el moreno tenía.
-En realidad es porque... sólo esto me queda... no... no puedo perder esto tampoco.- respondió con la voz quebrada y con un semblante amargo.- Bunny, sé sincero conmigo... ¿crees que me perdonará?- Barnaby comprendió lo que quería decir, así que se levantó de donde estaba para sentarse junto a Kotetsu y poner una de sus manos sobre las de el.
-¿Hiciste algo malo?- preguntó clavando su mirada en los ojos enmielados del moreno.
-¿Bunny...?-
-¿Te arrepientes de esto? ¿De haberme confesado que me amas?-
-¡Por supuesto que no!-
-Entonces no tienes que disculparte por nada, así como Kaede tampoco tiene que perdonarte nada. Sólo está en una etapa difícil y le va a tomar un poco asimilarlo, pero estoy seguro que lo entenderá.-
-Pensé que cada vez se estaría pareciendo más a Tomoe, pero esto fue distinto, ya no sé qué hacer o qué decirle... se me está saliendo de las manos.-
-Kotetsu, déjame preguntarte algo... ¿Alguna vez Tomoe tuvo algún desliz emocional? ¿Que de repente no se comportara como siempre lo hacía?- el tigre analizó la pregunta unos segundos y respondió.
-Ahora que lo mencionas, hubo un par de veces en las que ella explotaba por cualquier cosa, pero fueron muy pocas, quizás dos o tres. Inmediatamente asumí que se trataba de su... periodo o algo parecido.- contestó un poco sonrojado por decir este tipo de cosas.
-Bueno, estoy especulando, claro, pero... ¿y si Kaede reaccionó así por la misma razón?- dijo Barnaby, al mismo tiempo en el que sus mejillas se tornaban en un adorable tono rosado.
-¿Qué...? ¡Whoa! No quiero pensar si mi hija está, bueno... ya sabes, en "ésos" días.-
-Ya está hecha toda una adolescente, viejo. Tienes que tener más presentes sus estados emocionales y sus cambios corporales, manteniendo tu distancia para que no se sienta invadida.-
-¿Dándome consejos de paternidad, Bunny?- sonrió divertido el veterano. El conejo se acercó más a él, buscando un poco más de contacto acurrucándose en el pecho del moreno.
-Sólo te brindo ligeras recomendaciones.-
Por alguna razón, Kotetsu se sintió más aliviado con las palabras del rubio, tal vez Kaede estaba sufriendo caóticos cambios hormonales y a esa edad, usualmente las personas se convierten en bombas emocionales con un temporizador terriblemente impredecible. Hizo pequeños planes para la noche: llamaría a casa, hablaría con su madre y su hermano, y si su hija lo permitía, también conversaría con ella; no había considerado todo esto de la adolescencia azotando a su hija, y tal vez lo único que tenía que hacer era mostrarse más comprensivo con su pequeña niña, que se había vuelto toda una señorita ya.
-Gracias, Bunny.- dijo mientras cepillaba con sus dedos los rubios cabellos del conejo. Barnaby se limitó a asentir mientras disfrutaba las caricias en su cabeza. Probablemente nunca hubiera dejado que absolutamente nadie tocase su cabellera, y eso Kotetsu también lo sabía, pero en ése momento, sucedía algo muy íntimo que hacía que tanto el conejo disfrutara de las caricias, como el tigre de brindárselas.
Una de las manos del veterano bajó un poco más, abriéndose paso entre cabello y cabello, para tocar un poco de la hermosa piel perlada de Barnaby; pasando por el cuello, esa pecaminosa curvatura que lo podría volver loco, su palma se movía con ansiedad mal disimulada sobre el hombro del rubio, hasta que la tentación lo doblegó y se movió suavemente para depositar un suave beso cerca de la manzana de adán del ojiverde.
Barnaby disfrutaba de las caricias, su cuerpo se impacientaba por reaccionar y en su garganta se ocluía aquella desesperada petición que demandaba contacto; pero por primera vez, se veía sobrellevado por sus deseos y toda disciplina de autocontrol se desvaneció por completo al reflejarse un sonrojo notorio en las mejillas del conejo. El veterano le estaba dando a conocer nuevas sensaciones; y como pintaban las cosas, Kotetsu iba a seguir regalándole muchas primeras veces.
-Si quieres... podemos...- decía el ojiverde con una voz entrecortada, tratando de concentrarse en hablar y no en los apasionados besos que Tiger le propinaba en torno a su cuello.- puedo... hacerte sentir mejor.- ¡y vaya que se apenó al decir esto último! Pero no era mentira. El moreno se separó un momento y analizó lo que su amante había dicho.
-¿Tu...? ¿De verdad?- se sintió un poco extrañado que la mayoría de las veces en las que hacían el amor, eran propuestas del rubio. Claro que Barnaby con lo joven que era, tenía necesidades físicas que Kotetsu estaba dichoso de poder complacer.
-No me mires de esa forma, todo esto es tu culpa.- respondió el ojiverde mientras volteaba a otro lugar, más sonrojado aún.
-¡¿Qué?! ¿Mi culpa? ¿Y por qué?-
-Porque tú me estas volviendo adicto a esto...-
-¿Y te desagrada, Barnaby?- dijo con una voz grave y ronca, acentuando cuán varonil podría llegar a ser. Fue algo demencial y seductor, y Barnaby no lo dejó pasar.
El conejo no pudo articular palabra alguna y dejó caer con suavidad sus hombros; sin hacer contacto visual se levantó del sofá y se retiró la chaqueta, se acomodó el cabello refrescando un poco la piel de su cuello, a la vez que se dirigía escaleras arriba, ahí en donde se encontraba el lecho de Kotetsu.
El veterano por puro instinto siguió al rubio como si de una presa se tratara; lo seguía con un andar sigiloso, subiendo cada escalón pensando en qué se encontraría cuando llegara a su habitación. Su respiración se tornó un poco agitada y por reflejo se lamió los labios, era casi como si ya pudiera saborear la piel del conejo. Cuando entró a su habitación, vio a Barnaby desnudo, recostado en la cama de una manera muy tranquila y natural; yaciendo sin pena ni gloria, sin ninguna expresión facial... como el conejo en la pradera, esperando a que llegase el tigre y lo devorara.
Así lo entendió Kotetsu, con ese mismo sentimiento se acercó a Barnaby para besarlo tiernamente, pero de sus ojos brotaban discretas lágrimas que ninguno de los dos esperaba.
-¿Te encuentras bien para esto...?- preguntó el rubio preocupado, mientras sostenía el rostro del moreno.
-Sí, es solo que esta situación... y verte así como estás ahora...- Kotetsu limpió su rostro y puso su mano sobre la del ojiverde en su rostro y la besó.- Nunca pensé que me dejarías verte así, y que lo hagas me pone muy feliz. Creo que estoy hecho un sentimental justo ahora... Bunny.-
El conejo sentía que sus ojos se aguaban igualmente, pero reprimió las ganas de llorar y se acercó a besar con dulzura y pasión los labios del tigre.
La noche envolvió a los hombres en un manto de amor carnal, expresado con formas y figuras casi cinésicas; sentían como si fluyera entre sus cuerpos una rebosante sinergia que se dejaba abandonada al vicio y la concupiscencia. Las llamas lascivas ardían con subjetividad provocando un frenesí dentro del mismo éxtasis en donde se encontraban en total sumersión.
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Cuando Barnaby despertó desnudo, envuelto en sábanas y se percató de que se encontraba solo, se levantó, y cubriéndose con la camisa del tigre salió de la habitación; notó que Kotetsu estaba sentado en las escaleras, sosteniendo el teléfono y mirando a la ventana, sin hacer nada más.
El tigre contemplaba la espesura de la noche, viendo las pocas luces de la megalópolis que se alcanzaban a ver desde su ventana, aunque "pocas" era un término sumamente relativo. La ciudad era realmente hermosa y peligrosa; suponía que ése era el principal factor por el cuál Kaede no vivía con él. El pueblo, por otra parte, era sumamente tranquilo y el negocio familiar iba bien, aún mejor cuando su familia no tuviese que preocuparse por emergencias económicas; la paga de héroe ciertamente era generosa, pero había algo que Anju Kaburagi había dicho en alguna ocasión, que sin ninguna duda era bastante verdadero: ¿De qué servía tanto dinero si Kotetsu resultaba herido? Intentaba no pensar demasiado en ello, aunque a veces se consideraba un total egoísta, ya que colocaba como prioridad su trabajo en la Primera Liga que su rol como padre; todos en su casa lo comprendían y no se lo reprochaban, pero no podía dejar de culparse de que tal vez fue por esa misma falta de apoyo que su hija hubiese reaccionado de tal manera con la noticia de su amorío con Barnaby.
-¿Qué haces?- la voz del rubio rompió con el silencio y sus pensamientos se callaron de igual manera.
-Yo... quiero llamar a casa, pero por alguna razón no puedo.- dijo sonriendo melancólicamente por lo bajo, el ojiverde tomó asiento junto a él.
-¿Crees que debes hacerlo? Si es así, entonces sólo tienes que marcar el número.- dijo el conejo, mientras tomaba la mano del moreno y la acercó al teléfono.- Lo haremos juntos ¿de acuerdo?- se sonreían uno al otro con cariño.
-De acuer...- decía el veterano, pero se vio interrumpido por un ruido proveniente del mismo teléfono que sostenían. Curioso... el número que se registraba era el mismo que planeaban marcar, el de la casa de Kotetsu. Se miraron con extrañeza y el moreno puso el altavoz.
-¿Mamá? ¿Qué suced...?-
-¡¡Kotetsu!! ¡¡Gracias al cielo que contestas!!-
-Mamá, tranquilízate... ¿Qué es lo que pasa?-
-¡Es Kaede...! ¡¡Se ha escapado!!-
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-... sólo recuerde comer sanamente y no hacer ejercicio excesivo. Tendrá que acudir a revisión una vez cada quince días por tres meses y si presenta alguna molestia, venga de inmediato.- decía el doctor Halsey mientras terminaba de llenar el papeleo correspondiente para el alta del hospital de Keith.
-Gracias, doctor. Y de nuevo, muchas gracias.- dijo el héroe del aire muy contento con el trato que se le había brindado en la sala de urgencias del Centro Médico de Sternbild. Un par de siluetas se asomaron por entre las puertas de su habitación en el hospital, aquellas lo recibían con júbilo, y se alegraban de que ya estuviera dispuesto de ir a casa; el actual Rey de los Héroes les devolvió una sonrisa llena de su particular carisma y su entrañable alborozo.
Keith no se consideraba a sí mismo una persona complicada, de hecho, hasta podría describirse como una persona extremadamente fácil de complacer; a él lo único que realmente le hacía feliz era el simple hecho de estar vivo y todo lo que ésto implicaba. Poder respirar, sentir, escuchar, saborear, ver... volar. No era como si tener sus poderes NEXT fuera parte fundamental para que disfrutara la vida, ya que pensaba que podría hacerlo incluso siendo sólo humano, pero también agradecía la bendición de haber nacido con sus dones.
-Gracias por traer a John, Ivan. Es muy amable de tu parte.- decía el Rey mientras acariciaba efusivamente la cabeza y orejas del labrador que lo lamía y lamía devolviéndole los cariños.
-Es lo menos que puedo hacer, Keith. Me alegro de que ya se encuentre mejor.- contestó el joven Origami, quien aún se sentía responsable y apenado por los sucesos ocurridos aquella ocasión en la mansión Goldsmith.- Sólo hay que pasar a la recepción a firmar el alta y nos podemos retirar. ¿Le parece bien?-
-¡Me parece perfecto! Ya siento que mi cuerpo extraña mi cama.- bromeaba el Rey, mientras clavaba sus grisáceos ojos en los amatistas de Ivan.
Cuando salieron del centro médico habiendo terminado con todas las formalidades, llegaron al hogar de Keith; el chico Ivan no estaba muy seguro de querer adentrarse, ya que estar ahí junto al héroe del aire lo consideraba algo muy íntimo. Claro que ya había estado en aquel domicilio antes para mantener la limpieza del lugar y atender a John, pero ahora era diferente. Compartiría el espacio personal del Rey y se preguntaba si el monarca se lo permitiría. No sabía qué era lo que estaba pasando, pero sentía como rápidamente le iba inundando una sensación de impotencia y desesperación.
-¡Pasa, por favor! ¡Siéntete libre de considerar mi hogar el tuyo!- decía con regocijo, a lo que el chico, al ser una petición del hombre de ojos grises, obedeció con cierta ansiedad en sus modos.- ¿Puedo ofrecerte algo de beber?-
-¿Se siente bien? Yo podría hacerme cargo de todo en lo que usted se toma un descanso...- Ivan se percató de sus sudorosas y temblorosas manos, intentó disimular pero la voz se le quebró.
-¡Me siento genial! Ya has hecho demasiado por mí, Ivan.-
-¡¡No es verdad!!- gritó el chico Origami inconscientemente, pero no se detuvo. Algo era cierto: la culpa lo estaba carcomiendo por dentro, quemaba sus interiores con remordimiento, quería detenerse pero su cuerpo ya no le respondía.- ¡Deje de ser tan amable con el hombre que casi hace que le asesinen! ¡Usted sabe que fui yo el responsable de su incapacidad! ¡Por lo menos diga que no me soporta! ¡Que me quiere dejar de ver un tiempo!-
Keith se frenó en seco mientras terminaba de servir un vaso con agua, y con los ojos estupefactos lo comprendió todo. Se sintió como un verdadero estúpido y sí, hasta culpable. El chico le había estado mostrando todas las señales: pasear a John dos horas dos veces al día, no presentarse a las persecuciones de Hero TV al permanecer cuidándolo, las constantes preguntas al doctor de cuándo sería que sanaría, las interrogantes de si el Rey necesitaba algo... era obvio. Ivan se sentía culpable y él mismo se lo había dicho cuando despertó el primer día. Pensó haberle disipado esa duda (ridícula, a su parecer), pero si él mismo se vanagloriaba de querer expresar mejor sus sentimientos, tendría que ser más empático con el joven rubio. Dejó el vaso en la barra y se acercó al chico quién ya estaba soltando algunas pequeñas lágrimas frustradas, Keith le tomó por la mano y ambos tomaron asiento en el sofá.
-Ivan... ¿Tú quieres dejar de verme?-
-¡Por supuesto que no! Pero entiendo que todo esto pasó por mi culpa y estoy dispuesto a aceptar cualquier escarmiento que quiera darme...-
-Esto no fue tu culpa, Ivan. Frank Martínez de cualquier manera habría hecho esto. Deja de responsabilizarte por cosas que suceden ajenas a tus decisiones.- dijo bajando la cabeza, como buscando que Origami le mirara. Hizo una pausa al ver que el chico se sentía muy apenado como para hacer contacto visual, y suspiró pesadamente dejando caer sus hombros, esbozando una sonrisa triste.- Por otro lado, disfruté mucho que hayas permanecido a mi lado y me gustaría que siguieras haciéndolo, pero ahora porque lo desees así y no impulsado por la culpa ¿Puedes?-
-Yo... no quiero causarle más problemas.- dijo mientras se encogía de hombros, reprimiendo unas cuantas lágrimas más y sonrojado levemente.
-Quédate a mi lado y así no los causarás. Tu presencia me hace feliz.-
Había pasado ya un buen rato desde que el par de rubios se quedaron en silencio, sólo sosteniéndose de las manos y mirándose a los ojos; Ivan sentía como si quisiera decir mil cosas, pero al mismo tiempo su boca no sabía cómo articular palabra alguna. De un momento a otro, Keith rompió con el silencio, tomó las manos del chico con más fuerza y las llevó a su rostro para acariciarlas con su mejilla como si de un objeto precioso se tratara.
-Gracias por todo Ivan, y de nuevo...- dijo para después soltar una pequeña sonrisa por lo bajo y dejar su habitual frase inconclusa para llevar su rostro frente al de Origami, rozando suavemente sus labios, muy gentilmente. Después se alejó un poco y se recargó en el respaldo del sofá; John subió para acomodar su cabeza en el regazo del Rey y hacerse un ovillo para dormir, a lo que Keith sólo cerró los ojos manteniendo esa plácida sonrisa en su rostro. Se encontraba agotado, era de esperarse.
En aquel momento, Ivan se encontraba perplejo e incapaz de reaccionar, así hubiera irrumpido en la habitación todo Ouroboros para atacarle, él se encontraría indefenso. El chico se encontraba en un total blanco. Con esta misma inercia que hacía que siguiera respirando sin pensar, se llevó la mano a los labios que todavía parecían recordar el contacto. El leve sabor y el sutil aroma de Keith se veían impresos en él, las palabras dichas esa noche volvieron a retumbar en su mente... "Quédate a mi lado" "...pero ahora porque lo desees así..." ¿Qué sería todo aquello? Ciertamente no se hubiera molestado en que aquel beso hubiese sido más profundo...
¡Era de verdad! ¡No estaba soñando! ¡El Rey le había besado! ¿Qué habría hecho que provocara que lo hiciera? ¿Y... podría repetirse? Su corazón latía con abrumadora fuerza, casi se podían escuchar sus latidos si se quedaba en silencio. Calló esos pensamientos en su interior y miró al bien formado y amable rostro de Keith; no sabía qué hacer, estaba como ausente y pensaba que debería marcharse a su hogar. Pero decidió ser un tanto más atrevido de lo que era habitualmente y tomarle la palabra al Rey: "Siéntete libre de considerar mi hogar el tuyo." Así que sólo se limitó a juntar su cuerpo un poco más al de Keith y cerrar los ojos. Tan simple como eso... y tal vez, de igual manera descarado.
No le importó ya demasiado, él mismo se encontraba también muy cansado y había gastado toda su energía restante en el asunto del beso... aquel hermoso beso...
miércoles, 20 de mayo de 2015
Su Majestad: Rey(na) de los Héroes. Capítulo 11. La indecisión de decidir.
::¡Bienvenidos a una nueva emisión de Hero TV! ¡Hace unos momentos se activó la alarma de una joyería en un centro comercial al norte de la ciudad; las cámaras han captado que los ladrones irrumpieron con un vehículo blindado! Vemos que Rock Bison y Blue Rose ya están en la escena. Al parecer, el Rey de los Héroes no sé ha recuperado del todo del misterioso incidente sufrido, y vemos que ni Origami Cyclone ni dos tercios del Apollon Trío están en la escena. ¡Los demás héroes siguen llegando junto con la debutante de esta temporada: Black Xiaji!::
-¡Mary Rose! ¡Ponme al teléfono con Alexander Lloyds!- mandó la CEO Agnes Joubert a su asistente, que estaba en la consola de programación.
-¡Apollon Media al teléfono!- dijo Mary Rose y Agnes tomó el celular.
-¡Lloyds! ¡¿Dónde están Wild Tiger y Barnaby?! ¿Sabes cuánto rating me están haciendo perder? Si no fuera por la novata, Anaksha, la gente ni prendería sus televisores.- reprochó molesta.
-¡Hey, hey! Lo lamento, Agnes. Llamaron ayer en la noche diciendo que irían al pueblo natal de Kotetsu, tal vez lleguen hasta mañana...- explicó el señor Lloyds, antes de que la mujer le colgara furiosa.
-¡Mary Rose! Enfoca las cámaras a Black Xiaji, no perderemos más rating hoy.-
::Después de sellar las puertas del banco, los ladrones nos tienen a la espera. Los héroes no han podido entrar, aunque Rock Bison está a segundos de poder derribar la puerta gracias a su incomparable fuerza. Los demás héroes, Dragon Kid, Fire Emblem, Blue Rose, Black Xiaji y Golden Ryan están a la espera... ¡¿Pero qué acaba de pasar?! ¡Los ladrones salieron del edificio atravesando la ventana trasera con su vehículo blindado! Los héroes los persiguen en sus vehículos, Fire Emblem toma la delantera con su gran auto deportivo; pero Black Xiaji lo alcanza con su motocicleta de suspensión electromagnética. Golden Ryan y Blue Rose ahora también van a la par.Vemos que Rock Bison está preparado para embestirlos dentro de un kilómetro si los maleantes deciden mantener su ruta en línea recta, pero al parecer Fire Emblem se le está adelantando y está formando una bola de fuego entre sus manos... ¡la lanza, pero los criminales logran esquivarla en un movimiento rápido! Dragon Kid también está en la persecución y... ¡les arroja su más reciente rayo dragón! ¡El vehículo se ha quedado sin energía y se estrella contra los muros contención! Black Xiaji ha doblegado las puertas de la cabina del vehículo, pero los criminales se refugian en la parte de atrás; vemos que también las arranca con sus poderes... ¡¿Pero qué es eso?! ¡Los ladrones están armados con ametralladoras! Blue Rose hiela el piso del vehículo, los ladrones intentan mantenerse en pie, pero resbalan y... ¡Las ametralladoras empiezan a soltar disparos! ¡Vemos que Golden Ryan se ha interpuesto entre las balas y Black Xiaji en un movimiento increíblemente rápido, deteniéndolas con la parte trasera de su imponente armadura! Black Xiaji se deslinda del agarre del Príncipe de la Gravedad Errante y con sus poderes levanta la camioneta por los aires y la sacude violentamente... ¡los criminales han caído desorientados y Black Xiaji gana 800 puntos! ¡Esta persecución ha terminado, así que regresamos al estudio!::
::¡Y esos fueron nuestros corresponsales en la escena del crimen! Ahora que hemos visto a la recién llegada, que ahora los medios llaman "La Leona Siniestra"... ¡Vaya demostración que dio hoy! ¡Así se debuta! Qué impresión. ¿Pero saben qué nos ha impresionado más? Durante toda la persecución, Golden Ryan se veía mucho más concentrado en proteger a la recién llegada que en capturar a los criminales y sumar puntos... ¿Recuerdan a la mujer con la que se le había sorprendido hasta hace poco? Las fotos no eran nítidas en mostrar señas particulares de la mujer, pero algo que nos atrevemos a especular: ¿La habrá olvidado ya? ¿Su corazón habrá sido hechizado por los encantos oscuros de la Leona Siniestra? No se pierdan ninguna emisión de Hero TV y entérense con nosotros si de verdad éstos héroes se rescatarán uno al otro de la soltería.::
-¿Así que esto tenemos?- preguntó escéptica la CEO de la Corporación SkullBunny, Anick Lomawien, después de apagar la pantalla que transmitía el canal de Hero TV en su oficina.
-No creo que sea mi culpa que se preocupe más por mi que en mantener su trabajo.-respondió Anaksha, tratando de restarle importancia al asunto a los ojos de su jefa.
-Estoy molesta porque aunque me habías dicho que estabas saliendo con alguien, nunca me dijiste que ése alguien era Ryan Goldsmith. Si esto salía a la luz... ¿sabes cuánta publicidad gratis y dinero perdido le habría costado a Black Xiaji?-
-No es para tanto, sólo nos afectaría a Ryan y a mi.- quiso responder.
-No, no. No te confundas. Tanto Golden Ryan y Black Xiaji son marcas. Ustedes podrán ser dichos héroes, pero las marcas y la publicidad son asuntos internos tanto de Apollon Media como de SkullBunny; si esto se nos hubiera salido de las manos ¿sabes qué lío causarías en el área administrativa?-
-Estás haciendo una tormenta en un vaso de agua, Anick. Esto se soluciona ¿de acuerdo?- dijo con un poco de molestia la semi-pelirroja, a lo que la mujer rubia mostró un semblante incrédulo e irritado.
-Sí, pero la diferencia es que esto lo soluciono yo.- dijo molesta, presionó un botón en su teléfono fijo y llamó a su secretaria por el intercomunicador.- Llama a Apollon Media y agéndame una cita con Alexander Lloyds.- hizo algunas anotaciones y después volvió a la conversación.- Puedes retirarte.- dijo mientras veía a Annie con una mirada desafiante.
Anaksha ya no dijo nada, pero en realidad estaba molesta; sentía que su jefa había exagerado las cosas, pero también le concedía la razón. Volvió a su departamento mientras seguía dándole vueltas al asunto, sacó las últimas cajas que tenía ya que ahora, oficialmente, se traspasaba a vivir a la mansión Goldsmith. Pero necesitaba un tiempo a solas, ver la televisión un momento y relajar el estrés de ese día. Pero lo que vio en la programación, no la calmó ni un poco.
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Después de retirarse la armadura, ducharse, cambiarse y hacer mínimo trabajo de escritorio, Ryan caminaba tranquilamente al estacionamiento del edificio de Apollon Media, apuntó el llavero al su auto y desactivó la alarma para poder abordar dicho vehículo. Su brazalete sonó indicando una llamada entrante de nadie menos que el CEO de la compañía.
-Lloyds ¿Qué sucede?-
::Seré breve: ¿La mujer con la que sales es Black Xiaji?:: Alexander pensó que el Príncipe de la Gravedad Errante se lo pensaría un poco antes de responder y trataría de evadir el tema, pero después (y rápidamente) recordó que se trataba de Goldsmith y no de Wild Tiger y esa idea la desechó inmediatamente.
-Así es ¿por qué?- respondió el rubio con indiferencia.
::¡Oh, vaya! Bueno, pues la CEO de SkullBunny me acaba de llamar, quiere hablar de ese tema mañana por la tarde. Al parecer también vio lo que dijo la prensa de ti y la chica.::
-Prensa sensacionalista, Lloyds. Nada grave.-
::Lo malo es que el 95% de la gente que mantiene el negocio de Hero TV y los héroes, hacen caso de todo lo que dice la prensa sensacionalista. No nos podemos jugar tu imagen, Ryan... por favor, mantén tus asuntos personales fuera de las cámaras en lo que yo resuelvo esto con la CEO de SkullBunny. ¿Sabes? Esa mujer es un dolor en el trasero; tiene un carácter muy difícil.:: dijo con mucha pesadez, Ryan hizo una mueca de molestia, pero aceptó a regañadientes y condujo fuera del estacionamiento.
Cruzó el acceso de Apollon Media, dio la vuelta, avanzó con su vehículo una distancia de diez metros para después encontrarse con la oleada más enorme de paparazzis que había visto en su vida, todos arrojándose encima del auto del rubio y lanzando preguntas al aire.
-Ryan ¿Es verdad que dejaste a la otra mujer para salir con Black Xiaji?-
-¡Ryan! ¿Tu y la novata son pareja o estás tratando de conquistarla?-
-¿Es cierto que te ha domado la Leona Siniestra?-
-En los medios ya se habla de una boda entre ustedes ¿Podrías confirmarnos estos rumores?-
-¡Ryan! ¡Ryan! ¿Es verdad que intentas protegerla de su trabajo como héroe en lugar de concentrarte tú en el tuyo?-
¡Oh! Vaya que esa última pregunta lo había puesto a pensar. Era cierto lo que habían dicho en la televisión, ya que en ningún momento de la persecución pensó en atrapar a los criminales, sino que en su mente sólo retumbaba la palabra "Protégela". Después de contestar que no podía dar todavía respuestas oficiales, se abrió paso y llegó a su casa, donde esperaba que estuviera su novia, pero no era así. Se sentó en el sofá y comenzó a reflexionar sobre lo sucedido y sobre lo que podría suceder. No pasó mucho tiempo, si acaso treinta minutos para que llegara Anaksha con las últimas cajas que contenían sus pertenencias; ella llegó con un semblante apagado, y hasta cierto punto, un poco molesto.
-Con respecto a lo de hoy... te vi en la TV hace un rato...- empezó diciendo Annie.
-¿Sabes qué? He estado reflexionando sobre esto y, bueno, para empezar creo que debemos ser más cuidadosos... ¡No por que yo quiera!- balbuceaba un poco sus ideas el hombre rubio.
-Lo sé, Anick hoy me llamó la atención porque no está permitido que entrometamos nuestra vida personal en el trabajo. Así que...-
-Así que he decidido que por favor, salgas de la liga.- espetó Ryan, sin vacilaciones.
-¿Qué has decidido... qué? Eso no te corresponde a ti.- dijo estupefacta, imposibilitada de creer haber escuchado eso.
-No me había dado cuenta de qué tanto peligro hay en la primera liga sino hasta ahora; y más recientemente que hemos desenterrado a Ouroboros, esto es demasiado riesgoso; no quiero tener que preocuparme todo el tiempo por ti.-
-¡Detente justo ahora, Ryan! Yo soy perfectamente capaz de cuidarme sola. ¿No te quieres preocupar por mi? Entonces no lo hagas. Yo no voy a jugar el papel de la mujercita sumisa que espera a que llegues a casa después del trabajo. ¿Crees que no estoy consciente del peligro al que nos enfrentamos? ¿Crees que aunque si decidiera retirarme de la liga estaría cómoda viendo como arriesgas la vida diariamente? ¡¿Eso crees?!- el ambiente estaba encendido, la mecha se había prendido y alguno estaba a punto de estallar.
-¡No quiero que te pase nada! ¡Entiende!-
-¡No tiene porqué pasarme nada! Soy parte de los héroes de Sternbild ahora, y estoy calificada como cualquiera de los otros para defenderme en caso de tener que hacerlo. ¡No me tomes por una inútil!-
-¿No tiene porqué pasarte nada, Anaksha? ¿Y en Sword? ¡¿Eh?!-
-¡No te atrevas a echarme eso en cara! Ya estoy entrenando para hacerme más fuerte, y si no hubiera hecho lo que hice ese día, aún seguirían tratando de entrar a la base.- dijo, tomó su chaqueta, sus llaves y se dirigió a la puerta.
-¡¿Y ahora a dónde vas?!- preguntó muy enojado el Príncipe de la Gravedad Errante.
-¿Por qué? ¿También me quieres quitar el derecho de caminar en la calle?-
-¡No te estoy quitando ningún derecho!-
-¡Me alegra saberlo! ¡Por que no voy a dejar la Primera Liga!- concluyó la semi-pelirroja y salió azotando la puerta tras de sí.
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Un vaso de bourbon con dos hielos y un cigarrillo de hoja de limón era el tratamiento extremo para eliminar el estrés de Annie. Se encontraba en la terraza del Hero Bar (ya que además ahí no había televisores que le recordaran el porqué había empezado la discusión con Ryan), contemplando la espesura de la noche en la ciudad, cómo las luces hacían que la megalópolis cobrara vida.
-Pensé que habías dejado de fumar.-
-En realidad sólo fumo pocas veces... ¿Qué haces aquí, Ryan?- respondió a chica, ya no estaba molesta, pero si se encontraba un poco decepcionada.
-¿De qué hablas? Vine por mi Leona...- la expresión de Ryan denotaba tristeza, sin embargo intentaba disimularlo un poco con su animosa voz.- Aunque sé que si te ven conmigo... van a intuir que eres Black Xiaji.-
-Lo sé.- Anaksha tomó de un sorbo todo lo que sobraba de la bebida, dejó el vaso en una mesa, apagó el cigarro y volteó a ver a su novio.- No me pidas que deje la liga, Ry. No puedo, es lo que siempre quise después de que murieron mis padres. Eres tú y ésto todo lo importante que tengo en mi vida; y no quiero perder uno por causa del otro.-
-Si no te puedo convencer, entonces tendré que estar ahí para ti. Prometo dejar que te rompan el trasero si es lo que quieres.- dijo riendo, a lo que ella se sonrió y lo tomó de la mano.
-Gracias...- dijo mirándolo a los ojos; fue entonces que Goldsmith no pudo resistir, así que la tomó por la cintura y le dio un profundo y tierno beso, Ella se abrazó suavemente del cuello del rubio y llevó una de sus blancas y finas manos hasta la cabellera del hombre, dándole una caricia suave por entre cada mechón rubio de Ryan.
Todo eso pasaba, hasta que un flash mató el ambiente... un flash que no tuvieron idea ni de dónde ni de quién provenía, pero estaban seguros que una foto se les había tomado, y muy probablemente revelaba la cara de Annie. Pero ella estaba tranquila; ya sabía que cuando dicha foto saliera a la luz tendría que escuchar el regaño inminente de su jefa, pero que aún así ya se idearían de alguna estrategia para seguir adelante.
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"Tecum vivit et regnat."
La lealtad que tenía Yuri Petrov hacia Frank Martínez demandaba una afirmativa a su petición, pero sólo pudo proporcionarle aquel día la simplona respuesta de "Lo pensaré."
Yuri estaba un poco intranquilo con la propuesta de unirse a Frank y terminar el trabajo de su hermano, Jake; básicamente, él mismo nunca estuvo de acuerdo con los ideales del menor de los Martínez, pero tampoco trató de detenerlo cuando estalló aquella batalla. Es posible que en el fondo creyera en los héroes de la Primera Liga de Sternbild, lo suficiente como para dejarles ese asunto en sus manos. No se equivocó, ya que lograron vencerlo (aunque un costo un poco elevado, a su parecer).
Tan sólo un poco más de una semana había pasado desde la última vez que vio a su adorado amigo y mentor, Frank, y sin embargo, no pudo aceptar inmediatamente lo único que éste le solicitó. Tal vez un poco de patrullaje nocturno era lo que necesitaba, quizás volar un poco impulsado por su maravilloso fuego y sentir el aire despejando sus inconformidades.
Apagó su computadora, se despidió como solía hacerlo de Lydia, su secretaria, y se dirigió a su hogar.
Llegó a su domicilio, dejó su maletín en el recibidor mientras se retiraba el saco e iba desanudando su corbata; con la intención de ducharse cruzó los pasillos del recinto, mientras escuchaba a lo lejos los delirios de su madre, Origa. Una vez limpio y relajado, se colocó su respectivo traje y salió al balcón a tomar impulso para recorrer la ciudad a altas horas del anochecer.
A medida de que avanzaba, sintió la noche más profunda, más silenciosa; no tenía el habitual brillo de la luna ni el júbilo de las incesantes luces de la ciudad. La oscuridad casi lo cubría todo... un perfecto camuflaje para una existencia atormentada.
Se detuvo un momento sobre la punta de un edificio a contemplar y a reflexionar; ya sabía dónde ir a buscar a Frank, él mismo se lo había dicho, que tenía una base para el actual Ouroboros en la parte oeste de la ciudad. Ahí, en donde había una gran fábrica de calzado abandonada; tenía sótanos amplios de igual manera donde daba refugio a los NEXTs rebeldes que se iban sumando a sus filas, además de que estaba localizada en una de las partes más desoladas de la ciudad, y por la mala condición de la fachada principal, proporcionaba un margen de sospechas de cero por ciento.
Había tenido días y horas para pensar su respuesta, y cuando llegó a una conclusión, voló directo al oeste de la ciudad, dispuesto a contársela a su buen amigo, Frank. Yuri sabía que no comulgaba con las ideas de eliminar a los humanos, ya que había mucha gente buena en el mundo que no merecía morir por esta causa, pero también sabía (y estaba muy consciente de ello), que tenía una deuda de honor antes de cualquier cosa con Martínez. Todas aquellas almas que iban a entregar al creador cimentarían la confrontación final de Petrov, padre e hijo; Thanatos recibiría millones de almas, que Yuri juraría solemnemente que llegarían al juicio sin sufrir (a menos de que fueran criminales, claro estaba).
Cuando aterrizó a las afueras de la fábrica arruinada entró con cautela y sigilo, había muchas personas reunidas, trayendo alimentos, dejando algunos muebles, pero todo muy austero, tal vez porque lo verdaderamente interesante se encontraba en el sótano. Cuando por fin, un individuo lo reconoció, le dijo:
-Lunatic... le esperábamos. Déjeme conducirlo hacia el maestro, por favor. Si es tan amable de seguirme.- dijo muy amablemente mientras indicaba con su mano un camino hacia el interior de la fábrica. Ellos caminaban con calma, por en medio de todas las ocupadas personas que parecían acobijar y atender a otras menos favorecidas; todos mirando a Yuri con cierto asombro, pero nada de temor. Esto sin duda le llamó la atención.
-¿Por qué están tan tranquilos conmigo aquí?- preguntó. No es que se diera aires de superioridad o algo, pero usualmente cuando portaba el traje de Lunatic, todo mundo huía cuando lo avistaba.
-El maestro nos advirtió que llegaría, pero no para lastimarnos, sino para apoyarnos. Usualmente aunque la mayoría no tenemos poderes NEXT tan poderosos, no solemos temer a otros de nuestro tipo. Sólo al gran poder del maestro, el de Jason y el suyo, Lunatic. Pero nos inspira respeto, más que miedo; por ejemplo, muchas de las personas que estamos hoy aquí, antes nos encontrábamos en situación de pobreza, enfermedad, rechazo social y otros males. El maestro nos curó de todo eso, y estamos en deuda con él.- dijo muy animoso, muy amable mientras seguían caminando a través de la fábrica hasta llegar a unas escaleras. Descendieron unos tres niveles hasta llegar a un largo pasillo con múltiples puertas pegadas a éste, y ahí en el fondo se encontraba una oficina.
El chico que lo guiaba muy seguramente no tenía más de diecisiete años, delgado, vestía tan sólo una chaqueta ligera de tela, con jeans y zapatillas deportivas; cabello tan rubio que parecía blanco más que nada y de facciones muy tiernas e inocentes. Yuri no pudo evitar preguntarse si este chico de verdad sabía en lo que se estaba metiendo, pero bien ya lo había dicho, y era algo que tenían en común ellos dos: una deuda con Frank.
Entraron a la oficina, donde Jason se encontraba sentado en un sillón, tal vez jugando algún videojuego con los ojos fijos en la pantalla hasta el momento en el que el chico del cabello blanquecino y Lunatic entraron. Frank se encontraba revisando unos papeles y haciendo anotaciones sin despegar la mirada de sus asuntos.
-Maestro, tenía razón. Lunatic ha venido.- dijo con un atisbo de emoción aquel muchacho. El pelinegro alzó la mirada y al ver el particular traje de su amigo parado frente a él, se levantó con una sonrisa y caminó para abrazarlo. Yuri le devolvió el abrazo y tomó asiento frente al escritorio del líder actual de Ouroboros.
-Gracias, Deino. Ve a conseguirnos un par de tazas de café, por favor.- el muchacho asintió con dulzura y fue a conseguir el encargo.- Es un NEXT muy peculiar, tiene el don de crear naturaleza incluso en el más recóndito lugar. Podría hacer crecer un árbol en medio del más árido desierto y ese árbol viviría más que tu y yo juntos; no es un poder que me pueda servir mucho justo ahora, pero es muy buen asistente.-
-Es un chico muy amable.- dijo Yuri al momento en el que se retiraba la máscara y la dejaba frente de sí, en el escritorio.
-Siéntete en confianza alrededor de Jason, Deino y mío. Sabremos cuidar el secreto de tu identidad, por mientras, hay que seguir manteniendo el secreto frente a los otros. No queremos que se alboroten de más, no todavía. Pero en fin... ¿has venido con buenas noticias, mi amigo?-
-Estoy dentro.-
-¡Mary Rose! ¡Ponme al teléfono con Alexander Lloyds!- mandó la CEO Agnes Joubert a su asistente, que estaba en la consola de programación.
-¡Apollon Media al teléfono!- dijo Mary Rose y Agnes tomó el celular.
-¡Lloyds! ¡¿Dónde están Wild Tiger y Barnaby?! ¿Sabes cuánto rating me están haciendo perder? Si no fuera por la novata, Anaksha, la gente ni prendería sus televisores.- reprochó molesta.
-¡Hey, hey! Lo lamento, Agnes. Llamaron ayer en la noche diciendo que irían al pueblo natal de Kotetsu, tal vez lleguen hasta mañana...- explicó el señor Lloyds, antes de que la mujer le colgara furiosa.
-¡Mary Rose! Enfoca las cámaras a Black Xiaji, no perderemos más rating hoy.-
::Después de sellar las puertas del banco, los ladrones nos tienen a la espera. Los héroes no han podido entrar, aunque Rock Bison está a segundos de poder derribar la puerta gracias a su incomparable fuerza. Los demás héroes, Dragon Kid, Fire Emblem, Blue Rose, Black Xiaji y Golden Ryan están a la espera... ¡¿Pero qué acaba de pasar?! ¡Los ladrones salieron del edificio atravesando la ventana trasera con su vehículo blindado! Los héroes los persiguen en sus vehículos, Fire Emblem toma la delantera con su gran auto deportivo; pero Black Xiaji lo alcanza con su motocicleta de suspensión electromagnética. Golden Ryan y Blue Rose ahora también van a la par.Vemos que Rock Bison está preparado para embestirlos dentro de un kilómetro si los maleantes deciden mantener su ruta en línea recta, pero al parecer Fire Emblem se le está adelantando y está formando una bola de fuego entre sus manos... ¡la lanza, pero los criminales logran esquivarla en un movimiento rápido! Dragon Kid también está en la persecución y... ¡les arroja su más reciente rayo dragón! ¡El vehículo se ha quedado sin energía y se estrella contra los muros contención! Black Xiaji ha doblegado las puertas de la cabina del vehículo, pero los criminales se refugian en la parte de atrás; vemos que también las arranca con sus poderes... ¡¿Pero qué es eso?! ¡Los ladrones están armados con ametralladoras! Blue Rose hiela el piso del vehículo, los ladrones intentan mantenerse en pie, pero resbalan y... ¡Las ametralladoras empiezan a soltar disparos! ¡Vemos que Golden Ryan se ha interpuesto entre las balas y Black Xiaji en un movimiento increíblemente rápido, deteniéndolas con la parte trasera de su imponente armadura! Black Xiaji se deslinda del agarre del Príncipe de la Gravedad Errante y con sus poderes levanta la camioneta por los aires y la sacude violentamente... ¡los criminales han caído desorientados y Black Xiaji gana 800 puntos! ¡Esta persecución ha terminado, así que regresamos al estudio!::
::¡Y esos fueron nuestros corresponsales en la escena del crimen! Ahora que hemos visto a la recién llegada, que ahora los medios llaman "La Leona Siniestra"... ¡Vaya demostración que dio hoy! ¡Así se debuta! Qué impresión. ¿Pero saben qué nos ha impresionado más? Durante toda la persecución, Golden Ryan se veía mucho más concentrado en proteger a la recién llegada que en capturar a los criminales y sumar puntos... ¿Recuerdan a la mujer con la que se le había sorprendido hasta hace poco? Las fotos no eran nítidas en mostrar señas particulares de la mujer, pero algo que nos atrevemos a especular: ¿La habrá olvidado ya? ¿Su corazón habrá sido hechizado por los encantos oscuros de la Leona Siniestra? No se pierdan ninguna emisión de Hero TV y entérense con nosotros si de verdad éstos héroes se rescatarán uno al otro de la soltería.::
-¿Así que esto tenemos?- preguntó escéptica la CEO de la Corporación SkullBunny, Anick Lomawien, después de apagar la pantalla que transmitía el canal de Hero TV en su oficina.
-No creo que sea mi culpa que se preocupe más por mi que en mantener su trabajo.-respondió Anaksha, tratando de restarle importancia al asunto a los ojos de su jefa.
-Estoy molesta porque aunque me habías dicho que estabas saliendo con alguien, nunca me dijiste que ése alguien era Ryan Goldsmith. Si esto salía a la luz... ¿sabes cuánta publicidad gratis y dinero perdido le habría costado a Black Xiaji?-
-No es para tanto, sólo nos afectaría a Ryan y a mi.- quiso responder.
-No, no. No te confundas. Tanto Golden Ryan y Black Xiaji son marcas. Ustedes podrán ser dichos héroes, pero las marcas y la publicidad son asuntos internos tanto de Apollon Media como de SkullBunny; si esto se nos hubiera salido de las manos ¿sabes qué lío causarías en el área administrativa?-
-Estás haciendo una tormenta en un vaso de agua, Anick. Esto se soluciona ¿de acuerdo?- dijo con un poco de molestia la semi-pelirroja, a lo que la mujer rubia mostró un semblante incrédulo e irritado.
-Sí, pero la diferencia es que esto lo soluciono yo.- dijo molesta, presionó un botón en su teléfono fijo y llamó a su secretaria por el intercomunicador.- Llama a Apollon Media y agéndame una cita con Alexander Lloyds.- hizo algunas anotaciones y después volvió a la conversación.- Puedes retirarte.- dijo mientras veía a Annie con una mirada desafiante.
Anaksha ya no dijo nada, pero en realidad estaba molesta; sentía que su jefa había exagerado las cosas, pero también le concedía la razón. Volvió a su departamento mientras seguía dándole vueltas al asunto, sacó las últimas cajas que tenía ya que ahora, oficialmente, se traspasaba a vivir a la mansión Goldsmith. Pero necesitaba un tiempo a solas, ver la televisión un momento y relajar el estrés de ese día. Pero lo que vio en la programación, no la calmó ni un poco.
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Después de retirarse la armadura, ducharse, cambiarse y hacer mínimo trabajo de escritorio, Ryan caminaba tranquilamente al estacionamiento del edificio de Apollon Media, apuntó el llavero al su auto y desactivó la alarma para poder abordar dicho vehículo. Su brazalete sonó indicando una llamada entrante de nadie menos que el CEO de la compañía.
-Lloyds ¿Qué sucede?-
::Seré breve: ¿La mujer con la que sales es Black Xiaji?:: Alexander pensó que el Príncipe de la Gravedad Errante se lo pensaría un poco antes de responder y trataría de evadir el tema, pero después (y rápidamente) recordó que se trataba de Goldsmith y no de Wild Tiger y esa idea la desechó inmediatamente.
-Así es ¿por qué?- respondió el rubio con indiferencia.
::¡Oh, vaya! Bueno, pues la CEO de SkullBunny me acaba de llamar, quiere hablar de ese tema mañana por la tarde. Al parecer también vio lo que dijo la prensa de ti y la chica.::
-Prensa sensacionalista, Lloyds. Nada grave.-
::Lo malo es que el 95% de la gente que mantiene el negocio de Hero TV y los héroes, hacen caso de todo lo que dice la prensa sensacionalista. No nos podemos jugar tu imagen, Ryan... por favor, mantén tus asuntos personales fuera de las cámaras en lo que yo resuelvo esto con la CEO de SkullBunny. ¿Sabes? Esa mujer es un dolor en el trasero; tiene un carácter muy difícil.:: dijo con mucha pesadez, Ryan hizo una mueca de molestia, pero aceptó a regañadientes y condujo fuera del estacionamiento.
Cruzó el acceso de Apollon Media, dio la vuelta, avanzó con su vehículo una distancia de diez metros para después encontrarse con la oleada más enorme de paparazzis que había visto en su vida, todos arrojándose encima del auto del rubio y lanzando preguntas al aire.
-Ryan ¿Es verdad que dejaste a la otra mujer para salir con Black Xiaji?-
-¡Ryan! ¿Tu y la novata son pareja o estás tratando de conquistarla?-
-¿Es cierto que te ha domado la Leona Siniestra?-
-En los medios ya se habla de una boda entre ustedes ¿Podrías confirmarnos estos rumores?-
-¡Ryan! ¡Ryan! ¿Es verdad que intentas protegerla de su trabajo como héroe en lugar de concentrarte tú en el tuyo?-
¡Oh! Vaya que esa última pregunta lo había puesto a pensar. Era cierto lo que habían dicho en la televisión, ya que en ningún momento de la persecución pensó en atrapar a los criminales, sino que en su mente sólo retumbaba la palabra "Protégela". Después de contestar que no podía dar todavía respuestas oficiales, se abrió paso y llegó a su casa, donde esperaba que estuviera su novia, pero no era así. Se sentó en el sofá y comenzó a reflexionar sobre lo sucedido y sobre lo que podría suceder. No pasó mucho tiempo, si acaso treinta minutos para que llegara Anaksha con las últimas cajas que contenían sus pertenencias; ella llegó con un semblante apagado, y hasta cierto punto, un poco molesto.
-Con respecto a lo de hoy... te vi en la TV hace un rato...- empezó diciendo Annie.
-¿Sabes qué? He estado reflexionando sobre esto y, bueno, para empezar creo que debemos ser más cuidadosos... ¡No por que yo quiera!- balbuceaba un poco sus ideas el hombre rubio.
-Lo sé, Anick hoy me llamó la atención porque no está permitido que entrometamos nuestra vida personal en el trabajo. Así que...-
-Así que he decidido que por favor, salgas de la liga.- espetó Ryan, sin vacilaciones.
-¿Qué has decidido... qué? Eso no te corresponde a ti.- dijo estupefacta, imposibilitada de creer haber escuchado eso.
-No me había dado cuenta de qué tanto peligro hay en la primera liga sino hasta ahora; y más recientemente que hemos desenterrado a Ouroboros, esto es demasiado riesgoso; no quiero tener que preocuparme todo el tiempo por ti.-
-¡Detente justo ahora, Ryan! Yo soy perfectamente capaz de cuidarme sola. ¿No te quieres preocupar por mi? Entonces no lo hagas. Yo no voy a jugar el papel de la mujercita sumisa que espera a que llegues a casa después del trabajo. ¿Crees que no estoy consciente del peligro al que nos enfrentamos? ¿Crees que aunque si decidiera retirarme de la liga estaría cómoda viendo como arriesgas la vida diariamente? ¡¿Eso crees?!- el ambiente estaba encendido, la mecha se había prendido y alguno estaba a punto de estallar.
-¡No quiero que te pase nada! ¡Entiende!-
-¡No tiene porqué pasarme nada! Soy parte de los héroes de Sternbild ahora, y estoy calificada como cualquiera de los otros para defenderme en caso de tener que hacerlo. ¡No me tomes por una inútil!-
-¿No tiene porqué pasarte nada, Anaksha? ¿Y en Sword? ¡¿Eh?!-
-¡No te atrevas a echarme eso en cara! Ya estoy entrenando para hacerme más fuerte, y si no hubiera hecho lo que hice ese día, aún seguirían tratando de entrar a la base.- dijo, tomó su chaqueta, sus llaves y se dirigió a la puerta.
-¡¿Y ahora a dónde vas?!- preguntó muy enojado el Príncipe de la Gravedad Errante.
-¿Por qué? ¿También me quieres quitar el derecho de caminar en la calle?-
-¡No te estoy quitando ningún derecho!-
-¡Me alegra saberlo! ¡Por que no voy a dejar la Primera Liga!- concluyó la semi-pelirroja y salió azotando la puerta tras de sí.
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Un vaso de bourbon con dos hielos y un cigarrillo de hoja de limón era el tratamiento extremo para eliminar el estrés de Annie. Se encontraba en la terraza del Hero Bar (ya que además ahí no había televisores que le recordaran el porqué había empezado la discusión con Ryan), contemplando la espesura de la noche en la ciudad, cómo las luces hacían que la megalópolis cobrara vida.
-Pensé que habías dejado de fumar.-
-En realidad sólo fumo pocas veces... ¿Qué haces aquí, Ryan?- respondió a chica, ya no estaba molesta, pero si se encontraba un poco decepcionada.
-¿De qué hablas? Vine por mi Leona...- la expresión de Ryan denotaba tristeza, sin embargo intentaba disimularlo un poco con su animosa voz.- Aunque sé que si te ven conmigo... van a intuir que eres Black Xiaji.-
-Lo sé.- Anaksha tomó de un sorbo todo lo que sobraba de la bebida, dejó el vaso en una mesa, apagó el cigarro y volteó a ver a su novio.- No me pidas que deje la liga, Ry. No puedo, es lo que siempre quise después de que murieron mis padres. Eres tú y ésto todo lo importante que tengo en mi vida; y no quiero perder uno por causa del otro.-
-Si no te puedo convencer, entonces tendré que estar ahí para ti. Prometo dejar que te rompan el trasero si es lo que quieres.- dijo riendo, a lo que ella se sonrió y lo tomó de la mano.
-Gracias...- dijo mirándolo a los ojos; fue entonces que Goldsmith no pudo resistir, así que la tomó por la cintura y le dio un profundo y tierno beso, Ella se abrazó suavemente del cuello del rubio y llevó una de sus blancas y finas manos hasta la cabellera del hombre, dándole una caricia suave por entre cada mechón rubio de Ryan.
Todo eso pasaba, hasta que un flash mató el ambiente... un flash que no tuvieron idea ni de dónde ni de quién provenía, pero estaban seguros que una foto se les había tomado, y muy probablemente revelaba la cara de Annie. Pero ella estaba tranquila; ya sabía que cuando dicha foto saliera a la luz tendría que escuchar el regaño inminente de su jefa, pero que aún así ya se idearían de alguna estrategia para seguir adelante.
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"Tecum vivit et regnat."
La lealtad que tenía Yuri Petrov hacia Frank Martínez demandaba una afirmativa a su petición, pero sólo pudo proporcionarle aquel día la simplona respuesta de "Lo pensaré."
Yuri estaba un poco intranquilo con la propuesta de unirse a Frank y terminar el trabajo de su hermano, Jake; básicamente, él mismo nunca estuvo de acuerdo con los ideales del menor de los Martínez, pero tampoco trató de detenerlo cuando estalló aquella batalla. Es posible que en el fondo creyera en los héroes de la Primera Liga de Sternbild, lo suficiente como para dejarles ese asunto en sus manos. No se equivocó, ya que lograron vencerlo (aunque un costo un poco elevado, a su parecer).
Tan sólo un poco más de una semana había pasado desde la última vez que vio a su adorado amigo y mentor, Frank, y sin embargo, no pudo aceptar inmediatamente lo único que éste le solicitó. Tal vez un poco de patrullaje nocturno era lo que necesitaba, quizás volar un poco impulsado por su maravilloso fuego y sentir el aire despejando sus inconformidades.
Apagó su computadora, se despidió como solía hacerlo de Lydia, su secretaria, y se dirigió a su hogar.
Llegó a su domicilio, dejó su maletín en el recibidor mientras se retiraba el saco e iba desanudando su corbata; con la intención de ducharse cruzó los pasillos del recinto, mientras escuchaba a lo lejos los delirios de su madre, Origa. Una vez limpio y relajado, se colocó su respectivo traje y salió al balcón a tomar impulso para recorrer la ciudad a altas horas del anochecer.
A medida de que avanzaba, sintió la noche más profunda, más silenciosa; no tenía el habitual brillo de la luna ni el júbilo de las incesantes luces de la ciudad. La oscuridad casi lo cubría todo... un perfecto camuflaje para una existencia atormentada.
Se detuvo un momento sobre la punta de un edificio a contemplar y a reflexionar; ya sabía dónde ir a buscar a Frank, él mismo se lo había dicho, que tenía una base para el actual Ouroboros en la parte oeste de la ciudad. Ahí, en donde había una gran fábrica de calzado abandonada; tenía sótanos amplios de igual manera donde daba refugio a los NEXTs rebeldes que se iban sumando a sus filas, además de que estaba localizada en una de las partes más desoladas de la ciudad, y por la mala condición de la fachada principal, proporcionaba un margen de sospechas de cero por ciento.
Había tenido días y horas para pensar su respuesta, y cuando llegó a una conclusión, voló directo al oeste de la ciudad, dispuesto a contársela a su buen amigo, Frank. Yuri sabía que no comulgaba con las ideas de eliminar a los humanos, ya que había mucha gente buena en el mundo que no merecía morir por esta causa, pero también sabía (y estaba muy consciente de ello), que tenía una deuda de honor antes de cualquier cosa con Martínez. Todas aquellas almas que iban a entregar al creador cimentarían la confrontación final de Petrov, padre e hijo; Thanatos recibiría millones de almas, que Yuri juraría solemnemente que llegarían al juicio sin sufrir (a menos de que fueran criminales, claro estaba).
Cuando aterrizó a las afueras de la fábrica arruinada entró con cautela y sigilo, había muchas personas reunidas, trayendo alimentos, dejando algunos muebles, pero todo muy austero, tal vez porque lo verdaderamente interesante se encontraba en el sótano. Cuando por fin, un individuo lo reconoció, le dijo:
-Lunatic... le esperábamos. Déjeme conducirlo hacia el maestro, por favor. Si es tan amable de seguirme.- dijo muy amablemente mientras indicaba con su mano un camino hacia el interior de la fábrica. Ellos caminaban con calma, por en medio de todas las ocupadas personas que parecían acobijar y atender a otras menos favorecidas; todos mirando a Yuri con cierto asombro, pero nada de temor. Esto sin duda le llamó la atención.
-¿Por qué están tan tranquilos conmigo aquí?- preguntó. No es que se diera aires de superioridad o algo, pero usualmente cuando portaba el traje de Lunatic, todo mundo huía cuando lo avistaba.
-El maestro nos advirtió que llegaría, pero no para lastimarnos, sino para apoyarnos. Usualmente aunque la mayoría no tenemos poderes NEXT tan poderosos, no solemos temer a otros de nuestro tipo. Sólo al gran poder del maestro, el de Jason y el suyo, Lunatic. Pero nos inspira respeto, más que miedo; por ejemplo, muchas de las personas que estamos hoy aquí, antes nos encontrábamos en situación de pobreza, enfermedad, rechazo social y otros males. El maestro nos curó de todo eso, y estamos en deuda con él.- dijo muy animoso, muy amable mientras seguían caminando a través de la fábrica hasta llegar a unas escaleras. Descendieron unos tres niveles hasta llegar a un largo pasillo con múltiples puertas pegadas a éste, y ahí en el fondo se encontraba una oficina.
El chico que lo guiaba muy seguramente no tenía más de diecisiete años, delgado, vestía tan sólo una chaqueta ligera de tela, con jeans y zapatillas deportivas; cabello tan rubio que parecía blanco más que nada y de facciones muy tiernas e inocentes. Yuri no pudo evitar preguntarse si este chico de verdad sabía en lo que se estaba metiendo, pero bien ya lo había dicho, y era algo que tenían en común ellos dos: una deuda con Frank.
Entraron a la oficina, donde Jason se encontraba sentado en un sillón, tal vez jugando algún videojuego con los ojos fijos en la pantalla hasta el momento en el que el chico del cabello blanquecino y Lunatic entraron. Frank se encontraba revisando unos papeles y haciendo anotaciones sin despegar la mirada de sus asuntos.
-Maestro, tenía razón. Lunatic ha venido.- dijo con un atisbo de emoción aquel muchacho. El pelinegro alzó la mirada y al ver el particular traje de su amigo parado frente a él, se levantó con una sonrisa y caminó para abrazarlo. Yuri le devolvió el abrazo y tomó asiento frente al escritorio del líder actual de Ouroboros.
-Gracias, Deino. Ve a conseguirnos un par de tazas de café, por favor.- el muchacho asintió con dulzura y fue a conseguir el encargo.- Es un NEXT muy peculiar, tiene el don de crear naturaleza incluso en el más recóndito lugar. Podría hacer crecer un árbol en medio del más árido desierto y ese árbol viviría más que tu y yo juntos; no es un poder que me pueda servir mucho justo ahora, pero es muy buen asistente.-
-Es un chico muy amable.- dijo Yuri al momento en el que se retiraba la máscara y la dejaba frente de sí, en el escritorio.
-Siéntete en confianza alrededor de Jason, Deino y mío. Sabremos cuidar el secreto de tu identidad, por mientras, hay que seguir manteniendo el secreto frente a los otros. No queremos que se alboroten de más, no todavía. Pero en fin... ¿has venido con buenas noticias, mi amigo?-
-Estoy dentro.-
martes, 21 de abril de 2015
Su Majestad: Rey(na) de los Héroes. Capítulo 10: Confrontaciones pre-destinadas, parte II.
Había pasado ya una semana desde el incidente en la mansión Goldsmith, Annie y Ryan se mantuvieron extrañamente de un muy buen humor aquellos días, muy probablemente porque los destrozos en la fachada y el césped horrendamente quemado por las llamas de Lunatic, les dieron bastantes más excusas de pasar el tiempo juntos. En dos o tres ocasiones Tiger, Bunny y los demás héroes (exceptuando Ivan y Keith) fueron a ofrecerles ayuda con lo sucedido.
Hero TV (o mejor dicho, Agnes Joubert) no quiso perder ninguna oportunidad de relatar lo sucedido (guardando a regañadientes algunos detalles que podían revelar la identidad de los héroes):
"¡Y éste es el recuento de los sucesos más importantes de la semana! Después del inicio de temporada de Hero TV, los Héroes fueron atacados. Se desconoce la ubicación exacta en donde sucedió el atentado, pero el Rey de los Héroes de la temporada pasada, Sky High, salió herido en combate. ¡No podemos afirmar nada todavía, pero seguiremos investigando!".
Keith estaba mejorando rápidamente, un ritmo de recuperación que habría de esperarse dada su calidad de vida, Ivan seguía atendiéndolo lo mejor que podía y paseaba a John dos veces al día durante una hora.
Por otra parte, Agnes, muchos más ejecutivos de las distintas empresas y patrocinadores estaban algo molestos con sus empleados NEXT, ya que se realizaron tareas de investigación y rastreo necesarias para poder ubicar a toda la gente que estuvo en la fiesta de Ryan aquel día, hacerlas firmar un contrato de confidencialidad sobre lo sucedido ahí ofreciéndoles una (generosa) compensación monetaria.
Pero ellos no eran los únicos molestos: Kaede se encontraba nuevamente enojada porque su padre hubiera roto la promesa de ir a visitarla junto con Barnaby.
-Me odia...-
-No es verdad, sólo está molesta, y a decir verdad yo en su lugar también lo estaría.- dijo Barnaby.
-¡Pero no mentí! ¡De verdad no pudimos ir!-
-Yo lo se, pero ella no.- las cosas en Sternbild no habían estado nada sencillas para los héroes desde aquel día. Tenían en todas las compañías a un ala de informáticos y hackers investigando todo el día en toda la red por si Frank decidía hacer públicas las identidades de los héroes; así también intentando cancelar definitivamente la cuenta de Albert Maverick en el sistema de archivos de Hero TV, pero era demasiado complicado, ya que era una cuenta nivel ejecutiva.- Escucha... las cosas no parecen que vayan a cambiar a corto plazo, pero supongo que podemos tomarnos el día de mañana para ir a visitar a tu hija. Frank y Jason han de estar planeando como fortalecer Ouroboros, pero no tenemos idea de donde puedan estar ni pistas para empezar a buscarlos; por más que odie decirlo, estamos a su merced. No podemos hacer nada hasta que ellos ataquen primero.-
-Supongo que tienes razón... llamaré a Kaede y le diré que iremos mañana.- dijo Kotetsu, tomando el teléfono de la mesa.
-Será mejor que no lo hagas. Si vamos, será una linda sorpresa, pero si por alguna razón no podemos, no se decepcionará.-
Tiger se sorprendió de lo consciente que era el rubio, inclusive con su hija; tomó la blanca mano de Bunny y le dio un suave beso en el dorso.
-Gracias, Barnaby...- dijo mirando fijamente y con mucha seriedad a los verdes ojos de su pareja.
El conejo por su parte, sintió un calor recorrer su cuerpo y encender sus mejillas al escuchar su nombre completo pronunciado por Kotetsu, así que soltó una pequeña risa acompañada de una leve sonrisa.
-No te pongas sentimental, viejo.- dijo y se levantó hasta desaparecer en la intimidad de la habitación del tigre.
-¿Qué? ¿Por qué? ¡Bunny...!- el también soltó una pequeña risa, y con cierta mirada lasciva, se adentró a la habitación.
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Estaba a punto de amanecer cuando ambos hombres se despertaron, ducharon y alistaron para conducir algunas horas hasta el pueblo natal de Kotetsu. La camioneta del tigre era lo suficientemente rendidora como para aguantar dicho viaje (y más cómoda para dormir que el deportivo de Barnaby). Bunny conducía, mientras Kotetsu se perdía en Morfeo en el asiento de atrás, musitando algunas palabras entre sueños.
-...etsu... Hey... ¡Kotetsu!- se escuchaba una voz a lo lejos, acercarse poco a poco.- Ya hemos llegado, Kotetsu.- decía Barnaby con su ademán irritado de siempre, aunque reprimía una pequeña sonrisa que quería escapársele.
Tiger se talló un poco los ojos al reincorporarse, se estiró un poco y saltó fuera de la camioneta.
-Bueno... aquí estamos.- dijo mirando a su alrededor. Estacionaron la camioneta en un lugar vacío a tan sólo un par de decenas de metros de la casa de la señora Anju Kaburagi.
Caminaron un poco y cuando se encontraron frente a la puerta del hogar de la madre, hermano e hija de Tiger, llamaron.
-¡Kotetsu! ¿Qué haces aquí? ¡No te esperábamos!- dijo con sorpresa la madre del héroe veterano al abrir la entrada.- ¿Vienes solo...? ¡Oh, Barnaby! ¡Bienvenido! Kaede se pondrá tan contenta... pasen, pasen.- dijo feliz mientras abría la puerta con más energía. Ambos hombres se retiraron los zapatos en la entrada, y aunque ese gesto fue un poco inusual para Bunny, comprendió que por los orígenes de Kotetsu, esto era una cortesía.
-¡Abuela!- se escuchó desde dentro de la casa.- ¿Quién llegó, abuela?- dijo la niña/adolescente para luego asomar su castaña cabeza por detrás de una pared. Después de darse cuenta de quién estaba tomando el té con un ademán demasiado elegante por naturaleza, acompañado de su padre, su tío Muramasa y la abuela... los ojos casi se le salían de las cuencas. Si bien era cierto que no era la primera vez que estaba cerca o hablaba con Barnaby, realmente era una sensación de ensueño cada vez que podía tener contacto de cualquier tipo con él.- ¡Barnaby!- dijo para correr a abrazarlo una vez que el hombre dejó la taza en la pequeña mesa que había delante de él.
-¡¿Eh?! ¿Y yo qué? ¿No extrañas a papá?- preguntó Kotetsu con una sonrisa animosa mientras estiraba los brazos esperando a que si hija lo abrazase.
-¿Por qué no me dijiste que vendrían? ¡Pude haberme arreglado mejor!- rezongó.
-Te quisimos dar una sorpresa, fue idea de tu padre.- dijo Barnaby en un tono reconfortante.
-¿De verdad? ¡Oh, gracias!- dijo al rubio, mientras se acercaba con recelo a su padre, quien la miraba desconcertado a su vez que ella le daba un gélido beso en la mejilla.
-Kaede, hija... ¿nos podrías dar un momento? Tenemos que hablar de algunas cosas con tu abuela y tu tío, ya te llamaremos cuando sea prudente ¿De acuerdo?- dijo con una pequeña sonrisa, una que se plasmaba en su rostro con un poco de felicidad y otro poco de nervios.
-Iré a asearme un poco, sólo no se vayan.- dijo mirando a Bunny gentilmente antes de desaparecer detrás del pasillo. Cuando Muramasa se aseguró que efectivamente, la chica no estuviera escuchando, se aproximó a la sala de nuevo.
-¿Es mi imaginación o Kaede se ha vuelto más... difícil?- preguntó el preocupado padre.
-Así es. Desde la última vez que fue a Sternbild hasta ahora, su carácter ya no es el usual. Al principio le desesperaba un poco no poder controlar sus poderes porque eso implicaba no poder abrazar o tocar suavemente a cualquier persona. Me siento un poco aliviada de que ahora tenga el poder de Barnaby y el tuyo, que es básicamente el mismo, porque hasta hace poco había copiado los poderes de algún NEXT que escupía ácido (y era toda una molestia a la hora de comer o cepillarse los dientes). En fin, creo que ella está pasando por los estragos de la adolescencia...-
-Ya veo...-
-¿Qué hacen aquí? No es que no sea agradable recibirlos, pero me llama la atención que hayan decidido venir ambos. ¿Qué pasa?- preguntó muy serio el hermano mayor de los Kaburagi.
-Hemos venido ambos porque tenemos algo muy importante que decirles...- dijo Barnaby, disimulando perfectamente su nerviosismo, dando el último trago al té verde y preparándose para lo que venía.
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-Déjame ver si entendí... ¿Me están diciendo que están saliendo... como pareja amorosa?- decía la noble señora Anju, abriendo los ojos tanto como podía, mientras Muramasa sólo se limitaba a hacer una leve mueca de sorpresa y se sonrojaba por todo lo alto.
-¿Estás molesta?- preguntó un tanto cabizbajo el tigre.
-Estoy sorprendida... nunca te imaginé "del otro lado".-
-¡Hey! ¡No soy gay! Bueno, da la casualidad de que... me enamoré de Bunny... ¡Pero de ahí en fuera, no me gustan los hombres!-
-¿Que hay de ti, Barnaby?- preguntó Anju muy seria, fijando su ahora enérgica mirada sobre las esmeraldas del rubio.
-Yo tampoco puedo considerarme homosexual, señora Kaburagi. Nunca me había encontrado en una situación así con otro hombre mas que con Kotetsu.-
-¡Oh, vaya! No sé que decirles, chicos.- dijo un tanto apenada la madre de los Kaburagi.
-¿Van en serio? ¿Realmente en serio?- preguntó Muramasa, ahora con un semblante enfocado.
-Por supuesto.- se apresuró a decir el tigre, casi arrebatando las palabras de los labios del conejo. La madre de Kotetsu soltó un pesado suspiro.
-No soy quién para decirles qué hacer o no con sus vidas; ya son unos adultos hechos y derechos. Los que sí puedo decirte, hijo, es que sé bien que tu difunta esposa hubiera querido que siguieras con tu vida con quien fuese que te hiciera feliz, y si esa persona es éste chico, sólo me queda darles mi aprobación. Se que se cuidarán uno al otro.- dijo con una pequeña sonrisa.
-¿Qué le van a decir a Kaede?- preguntó Muramasa con un semblante preocupado.
-Pues esto mismo. ¿Quieres que le oculte que Bunny y yo estamos juntos o algo así?-
-¿Qué quieres decir con que "están juntos", papá?- preguntó Kaede mientras se acercaba por detrás de la pared, al escuchar accidentalmente la conversación. Su expresión facial denotaba una mezcla se sorpresa, enojo, frustración, disgusto y tristeza. -¿Te refieres a que son algo así como... amantes?-
-¡Kaede...!- exclamó Kotetsu, levantándose violentamente del piso en donde estaba y la miró. Los ojos de la chica se empezaban a llenar de lágrimas y eso le rompió totalmente el corazón a su padre.
-¡Respóndeme, papá!- le exigía, mientras su expresión se tornaba oscura.
-Lo que dice tu padre es verdad, Kaede. El y yo... estamos envueltos en una relación amorosa.- admitió con cierta pesadez el rubio; esa pesadez que pensó que jamás sentiría, porque el hecho de estar junto a alguien que lo hacía feliz le parecía algo de lo que nunca tendría que avergonzarse.
-No... ¿por qué, Barnaby? Yo... sé que nunca te lo dije, pero si sabías que estaba enamorada de ti.... sé que soy muy chica todavía ¡pero sólo tenías que esperarme unos años! ¡¿Por qué, papá?! ¿Por qué me traicionaste de esta manera tan... descarada?-
-Kaede, espera...- dijo Muramasa.
-¡Nunca te cansas de lastimarme! Rompes tus promesas, eres mentiroso, nunca vienes a verme y ahora me has robado la oportunidad que yo más quería... ¡La oportunidad de estar con Barnaby!-
-¡Kaede, detente!- gritó la abuela.
-¿Pero sabes qué? ¡¿Sabes qué?! ¡Te odio! ¡Te odio y espero no verte nunca jamás...!-
-¡KAEDE, ES SUFICIENTE!- gritó Kotetsu en un tono que jamás nunca nadie había escuchado salir de su garganta, un tono desesperado y opresor. Barnaby sentía también la sangre hervir, pero se controló, ya que él consideraba que no tenía autoridad moral alguna para reprocharle cualquier cosa a la castaña; ella se limpió las lágrimas, pero aún con los ojos acuosos se acercó lentamente hasta quedar frente a frente con su padre, confrontándolo con el rostro. Su expresión seguía furibunda, temblaba de coraje mientras algunas nuevas lágrimas se seguían escapando de sus ojos, recorriéndole las mejillas. En un tono casi susurrado y con las mandíbulas apretadas a más no poder, dijo algo que su padre jamás podría olvidar:
-Estás muerto a mis ojos...-
La mano de Anju hizo un gran escándalo cuando se estrello contra la mejilla de la niña, interrumpiendo alguna otra cosa que estuviera por decir; la chica volteó con una expresión estupefacta: nunca se hubiera podido imaginar que su abuela levantara la mano en contra de ella. Su abuela... su propia abuela que la había criado en lugar de su padre y madre.... ¡De verdad la había golpeado!
-No voy a permitir que le hables así a tu padre. ¡Discúlpate con él!- reprochó Anju.
-No... ¡No lo voy a hacer! ¿Escucharon? ¡No me voy a disculpar por pensar como lo hago!- dijo mientras lloraba a cántaros y salía huyendo de la sala de estar para encerrarse en lo más profundo y recóndito de su habitación.
-Bueno... eso no salió muy bien.- dijo Muramasa rompiendo el silencio.
-Muchas gracias por el té, mamá. Creo que nos marcharemos ya... te llamaré al llegar.- Kotetsu no hacía contacto visual con nadie, sólo se limitó a disimular un poco el temblor de sus manos al meterlas a sus bolsillos.
-Lo entiendo, hijo. Cuídense mucho, chicos.- respondió la señora Kaburagi con un tono de voz muy desanimado.
-Lamento dejarte con el desastre que causé, te dejaré en la mesa del recibidor lo de este mes.- dijo, cuando sacó por un momento una de sus manos para indicar una despedida hacia su hermano y salir. Barnaby hizo una pequeña reverencia y salió detrás del tigre, quien dejó un sobre bastante inflado de dinero sobre una pequeña mesa en la entrada de la casa.
El tigre se adelantó algunos bastantes metros del conejo caminando a paso rápido, buscando con desespero su vehículo, cuando Bunny preocupado corrió a alcanzarlo, tomándolo por el brazo y obligándolo a voltear y darle la cara.
-¿Kotet...?- no terminó de preguntar cuando Tiger recargó su cabeza en el hombro del rubio y rompió a llorar.
Kotetsu T. Kaburagi, aquel hombre que Barnaby consideraba con cierta templanza emocional, que incluso en las situaciones más delicadas mostraba siempre una buena cara y actitud optimista, había perdido todo el sentido de discreción y estaba siendo arrasado por la tristeza y la impotencia.
-¡La he perdido, Barnaby! ¡La he perdido!- exclamaba mientras las lágrimas mojaban su rostro y la chaqueta blanca del conejo por montones, su voz se entrecortaba porque se empezaba a hiperventilar un poco debido a la desesperación que empezaba a inundar su cuerpo. Barnaby realmente no supo qué hacer, todo su lado analítico y lleno de protocolos de acción se quedó en blanco; lo único que acertó a hacer, fue guardar silencio, abrazar con recelo y cariño la cabeza de su amante y esperar a que éste terminara de llorar todo lo que tenía que llorar.
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Nathan se encontraba sentado en la barra del Hero Bar, tomando un cóctel Cosmopolitan (con un poco más de zumo de arándanos y tanto menos vodka del usual) mientras esperaba al héroe toro; Nate había citado a Antonio en el establecimiento para hablar de algunas cosas. Últimamente no podía dejar de pensar en lo que había pasado en la fiesta de Ryan Goldsmith, le parecía bastante extraño... no había sido la primera vez que alguno de sus amigos le salvaba la vida, aquella vez cuando se vio combatiendo con aquel sujeto en el exoesqueleto robótico de Ouroboros junto a Wild Tiger, ambos se apoyaron y se cubrieron las espaldas uno al otro. Y básicamente, cuando Johnny Wong, aquel villano NEXT lo había puesto a dormir y recordar todos sus miedos, impotencias, frustraciones y complejos a revivir de nuevo una y otra vez, ahí estuvieron sus amigos; apaciguando las flamas que desprendía inconscientemente y dándole palabras de aliento, esperando con angustia a que despertara.
-¡Nate! ¿Qué pasa?- preguntó Antonio en un saludo animoso, palmeándole la espalda con más delicadeza de la usual.
-Hola, Tonio.- correspondió el saludo llamando al moreno con un apodo con el que hasta hace poco lo había nombrado.
-¿Qué pasa, hombre? Te ves muy serio.- preguntó mientras se acomodaba en un lugar al lado del héroe de fuego y pedía un tarro de cerveza.
-He estado pensando un poco.... y pues me he dado cuenta de que nunca te agradecí por haberme salvado la vida.-
-¡Ah, eso! Nate, yo sé que si hubieras estado en mi lugar hubieras hecho lo mismo. Para eso estoy yo y todos nosotros, para cuidarnos.-
-Y... hablando con total honestidad, tengo que decirte que he estado pensando mucho en ti. No ha habido otra cosa en los últimos días en mi mente mas que tu rostro...- dijo un poco sonrojado, pero siguió viendo a los aceitunados ojos del hispano en todo momento.
-Nathan... ¿qué me estás tratando de decir?- preguntó Antonio al dar un gran sorbo de cerveza.
-Ni yo sé... pensé que si te veía y hablaba contigo un poco mis pensamientos se pondrían en claro, pero creo que no estaba en lo correcto...- dijo al darse un poco la vuelta, pero la gran mano de su amigo, aquella que era por mucho, más grande y tosca, sujetó su hombro con firmeza, mas no brusquedad.
-No hemos hablado lo suficiente... Mira, ¿qué tal si te pides otra de esta cosa roja o rosa y la bebes mientras charlamos un rato? ¿Te apetece?- preguntó entusiasta el hispano mientras señalaba el Cosmopolitan de Fire Emblem, quien se sonrió y aceptó con gusto la oferta que le proponían.- ¡Eso es!- exclamó Antonio cuando se terminó a una buena velocidad el líquido del contenedor y ordenaba una ronda más para ambos.
El hombre de las llamas no quería embriagarse, ya que aún recordaba con un poco de vergüenza que en la última borrachera que se permitió, casi lo asesinaban; pero no quería quedarse atrás. Antonio traía particularmente un muy buen humor aquel día y bebía tarro tras tarro de cerveza, a Nate le costaba mantener el ritmo del toro.... hasta que ambos terminaron ebrios, definitivamente no tan ebrios como en la mansión de Ryan, pero sí un tanto desorientados.
Cuando salieron del Hero Bar, ya se recargaban uno en el otro para poder caminar con cierto equilibrio, por supuesto que ninguno de los dos estaba en condiciones como para conducir, así que al salir, se dirigieron a la parada del transporte público para cada quién pedir un taxi que los llevara a sus respectivos domicilios.
No pasó mucho tiempo cuando la avenida cobró la vitalidad de la noche y se escuchaba el barullo de los automóviles que pasaban incesantemente, aunque cosa curiosa, aquella parada de transporte se encontraría vacía en ese momento de no ser por los morenos; se veía un taxi vacío a lo lejos, esperando a que el semáforo en rojo cambiara y le permitiera avanzar hasta llegar a los hombres, Antonio lo vio, y dadas las circunstancias de lo que habían platicado en el bar y de su condición "alegre", empezó a decir:
-Hey, Nate... ¿recuerdas que me dijiste que querías poner tus pensamientos en claro?-
-¿Qué con eso?- respondió con una ligera sonrisa.
-Creo que... voy a hacer algo que puede aclararte las cosas o complicártelas más ¿de acuerdo?-
-... de acuerdo.- accedió el moreno, y cuando Tonio dio la instrucción de que cerrara los ojos y Nathan obedeció... lo que sintió fue hermoso y devastador al mismo tiempo.
Los firmes y toscos labios del toro se habían plasmado con mucha delicadeza sobre los de Nate, pero una punzada en el corazón del héroe de fuego se dio prisa en hacerse notar. Seymore no tardó mas de seis o siete segundos en reaccionar, cuando con un poco de fuerza empujó a López, apartándolo bruscamente de él.
-¿Crees que estoy jugando, Antonio? ¿Crees que esto es un juego para mi? ¿Acaso crees que lo que estoy empezando a sentir por ti es una broma?- reclamaba evidentemente enojado, con cierta furia escapándose de sus rosados iris.
-¿Nathan...?-
-Estoy bien, me largo. Iré caminando a casa.- dijo cuando se dio media vuelta con el ceño fruncido.
-¡Espera! Deja que te acompañe...-
-Sé cuidarme solo, aunque no lo parezca.- se abrazó para cubrirse un poco del aire y empezó a caminar en línea recta hasta su hogar; Antonio no supo que hacer, así que cuando el taxi se acercó por fin y le indicó que quería usar el servicio de transporte, le hizo una seña de que esperara, rápidamente se acercó por detrás de Nate y cubrió los delicados hombros de Seymore con su chaqueta, para después regresar al vehículo y marcarse. Nathan se asomó por encima de su hombro aún con la mirada molesta, para después permitirse soltar una diminuta lágrima y continuar su camino.
Hero TV (o mejor dicho, Agnes Joubert) no quiso perder ninguna oportunidad de relatar lo sucedido (guardando a regañadientes algunos detalles que podían revelar la identidad de los héroes):
"¡Y éste es el recuento de los sucesos más importantes de la semana! Después del inicio de temporada de Hero TV, los Héroes fueron atacados. Se desconoce la ubicación exacta en donde sucedió el atentado, pero el Rey de los Héroes de la temporada pasada, Sky High, salió herido en combate. ¡No podemos afirmar nada todavía, pero seguiremos investigando!".
Keith estaba mejorando rápidamente, un ritmo de recuperación que habría de esperarse dada su calidad de vida, Ivan seguía atendiéndolo lo mejor que podía y paseaba a John dos veces al día durante una hora.
Por otra parte, Agnes, muchos más ejecutivos de las distintas empresas y patrocinadores estaban algo molestos con sus empleados NEXT, ya que se realizaron tareas de investigación y rastreo necesarias para poder ubicar a toda la gente que estuvo en la fiesta de Ryan aquel día, hacerlas firmar un contrato de confidencialidad sobre lo sucedido ahí ofreciéndoles una (generosa) compensación monetaria.
Pero ellos no eran los únicos molestos: Kaede se encontraba nuevamente enojada porque su padre hubiera roto la promesa de ir a visitarla junto con Barnaby.
-Me odia...-
-No es verdad, sólo está molesta, y a decir verdad yo en su lugar también lo estaría.- dijo Barnaby.
-¡Pero no mentí! ¡De verdad no pudimos ir!-
-Yo lo se, pero ella no.- las cosas en Sternbild no habían estado nada sencillas para los héroes desde aquel día. Tenían en todas las compañías a un ala de informáticos y hackers investigando todo el día en toda la red por si Frank decidía hacer públicas las identidades de los héroes; así también intentando cancelar definitivamente la cuenta de Albert Maverick en el sistema de archivos de Hero TV, pero era demasiado complicado, ya que era una cuenta nivel ejecutiva.- Escucha... las cosas no parecen que vayan a cambiar a corto plazo, pero supongo que podemos tomarnos el día de mañana para ir a visitar a tu hija. Frank y Jason han de estar planeando como fortalecer Ouroboros, pero no tenemos idea de donde puedan estar ni pistas para empezar a buscarlos; por más que odie decirlo, estamos a su merced. No podemos hacer nada hasta que ellos ataquen primero.-
-Supongo que tienes razón... llamaré a Kaede y le diré que iremos mañana.- dijo Kotetsu, tomando el teléfono de la mesa.
-Será mejor que no lo hagas. Si vamos, será una linda sorpresa, pero si por alguna razón no podemos, no se decepcionará.-
Tiger se sorprendió de lo consciente que era el rubio, inclusive con su hija; tomó la blanca mano de Bunny y le dio un suave beso en el dorso.
-Gracias, Barnaby...- dijo mirando fijamente y con mucha seriedad a los verdes ojos de su pareja.
El conejo por su parte, sintió un calor recorrer su cuerpo y encender sus mejillas al escuchar su nombre completo pronunciado por Kotetsu, así que soltó una pequeña risa acompañada de una leve sonrisa.
-No te pongas sentimental, viejo.- dijo y se levantó hasta desaparecer en la intimidad de la habitación del tigre.
-¿Qué? ¿Por qué? ¡Bunny...!- el también soltó una pequeña risa, y con cierta mirada lasciva, se adentró a la habitación.
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Estaba a punto de amanecer cuando ambos hombres se despertaron, ducharon y alistaron para conducir algunas horas hasta el pueblo natal de Kotetsu. La camioneta del tigre era lo suficientemente rendidora como para aguantar dicho viaje (y más cómoda para dormir que el deportivo de Barnaby). Bunny conducía, mientras Kotetsu se perdía en Morfeo en el asiento de atrás, musitando algunas palabras entre sueños.
-...etsu... Hey... ¡Kotetsu!- se escuchaba una voz a lo lejos, acercarse poco a poco.- Ya hemos llegado, Kotetsu.- decía Barnaby con su ademán irritado de siempre, aunque reprimía una pequeña sonrisa que quería escapársele.
Tiger se talló un poco los ojos al reincorporarse, se estiró un poco y saltó fuera de la camioneta.
-Bueno... aquí estamos.- dijo mirando a su alrededor. Estacionaron la camioneta en un lugar vacío a tan sólo un par de decenas de metros de la casa de la señora Anju Kaburagi.
Caminaron un poco y cuando se encontraron frente a la puerta del hogar de la madre, hermano e hija de Tiger, llamaron.
-¡Kotetsu! ¿Qué haces aquí? ¡No te esperábamos!- dijo con sorpresa la madre del héroe veterano al abrir la entrada.- ¿Vienes solo...? ¡Oh, Barnaby! ¡Bienvenido! Kaede se pondrá tan contenta... pasen, pasen.- dijo feliz mientras abría la puerta con más energía. Ambos hombres se retiraron los zapatos en la entrada, y aunque ese gesto fue un poco inusual para Bunny, comprendió que por los orígenes de Kotetsu, esto era una cortesía.
-¡Abuela!- se escuchó desde dentro de la casa.- ¿Quién llegó, abuela?- dijo la niña/adolescente para luego asomar su castaña cabeza por detrás de una pared. Después de darse cuenta de quién estaba tomando el té con un ademán demasiado elegante por naturaleza, acompañado de su padre, su tío Muramasa y la abuela... los ojos casi se le salían de las cuencas. Si bien era cierto que no era la primera vez que estaba cerca o hablaba con Barnaby, realmente era una sensación de ensueño cada vez que podía tener contacto de cualquier tipo con él.- ¡Barnaby!- dijo para correr a abrazarlo una vez que el hombre dejó la taza en la pequeña mesa que había delante de él.
-¡¿Eh?! ¿Y yo qué? ¿No extrañas a papá?- preguntó Kotetsu con una sonrisa animosa mientras estiraba los brazos esperando a que si hija lo abrazase.
-¿Por qué no me dijiste que vendrían? ¡Pude haberme arreglado mejor!- rezongó.
-Te quisimos dar una sorpresa, fue idea de tu padre.- dijo Barnaby en un tono reconfortante.
-¿De verdad? ¡Oh, gracias!- dijo al rubio, mientras se acercaba con recelo a su padre, quien la miraba desconcertado a su vez que ella le daba un gélido beso en la mejilla.
-Kaede, hija... ¿nos podrías dar un momento? Tenemos que hablar de algunas cosas con tu abuela y tu tío, ya te llamaremos cuando sea prudente ¿De acuerdo?- dijo con una pequeña sonrisa, una que se plasmaba en su rostro con un poco de felicidad y otro poco de nervios.
-Iré a asearme un poco, sólo no se vayan.- dijo mirando a Bunny gentilmente antes de desaparecer detrás del pasillo. Cuando Muramasa se aseguró que efectivamente, la chica no estuviera escuchando, se aproximó a la sala de nuevo.
-¿Es mi imaginación o Kaede se ha vuelto más... difícil?- preguntó el preocupado padre.
-Así es. Desde la última vez que fue a Sternbild hasta ahora, su carácter ya no es el usual. Al principio le desesperaba un poco no poder controlar sus poderes porque eso implicaba no poder abrazar o tocar suavemente a cualquier persona. Me siento un poco aliviada de que ahora tenga el poder de Barnaby y el tuyo, que es básicamente el mismo, porque hasta hace poco había copiado los poderes de algún NEXT que escupía ácido (y era toda una molestia a la hora de comer o cepillarse los dientes). En fin, creo que ella está pasando por los estragos de la adolescencia...-
-Ya veo...-
-¿Qué hacen aquí? No es que no sea agradable recibirlos, pero me llama la atención que hayan decidido venir ambos. ¿Qué pasa?- preguntó muy serio el hermano mayor de los Kaburagi.
-Hemos venido ambos porque tenemos algo muy importante que decirles...- dijo Barnaby, disimulando perfectamente su nerviosismo, dando el último trago al té verde y preparándose para lo que venía.
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-Déjame ver si entendí... ¿Me están diciendo que están saliendo... como pareja amorosa?- decía la noble señora Anju, abriendo los ojos tanto como podía, mientras Muramasa sólo se limitaba a hacer una leve mueca de sorpresa y se sonrojaba por todo lo alto.
-¿Estás molesta?- preguntó un tanto cabizbajo el tigre.
-Estoy sorprendida... nunca te imaginé "del otro lado".-
-¡Hey! ¡No soy gay! Bueno, da la casualidad de que... me enamoré de Bunny... ¡Pero de ahí en fuera, no me gustan los hombres!-
-¿Que hay de ti, Barnaby?- preguntó Anju muy seria, fijando su ahora enérgica mirada sobre las esmeraldas del rubio.
-Yo tampoco puedo considerarme homosexual, señora Kaburagi. Nunca me había encontrado en una situación así con otro hombre mas que con Kotetsu.-
-¡Oh, vaya! No sé que decirles, chicos.- dijo un tanto apenada la madre de los Kaburagi.
-¿Van en serio? ¿Realmente en serio?- preguntó Muramasa, ahora con un semblante enfocado.
-Por supuesto.- se apresuró a decir el tigre, casi arrebatando las palabras de los labios del conejo. La madre de Kotetsu soltó un pesado suspiro.
-No soy quién para decirles qué hacer o no con sus vidas; ya son unos adultos hechos y derechos. Los que sí puedo decirte, hijo, es que sé bien que tu difunta esposa hubiera querido que siguieras con tu vida con quien fuese que te hiciera feliz, y si esa persona es éste chico, sólo me queda darles mi aprobación. Se que se cuidarán uno al otro.- dijo con una pequeña sonrisa.
-¿Qué le van a decir a Kaede?- preguntó Muramasa con un semblante preocupado.
-Pues esto mismo. ¿Quieres que le oculte que Bunny y yo estamos juntos o algo así?-
-¿Qué quieres decir con que "están juntos", papá?- preguntó Kaede mientras se acercaba por detrás de la pared, al escuchar accidentalmente la conversación. Su expresión facial denotaba una mezcla se sorpresa, enojo, frustración, disgusto y tristeza. -¿Te refieres a que son algo así como... amantes?-
-¡Kaede...!- exclamó Kotetsu, levantándose violentamente del piso en donde estaba y la miró. Los ojos de la chica se empezaban a llenar de lágrimas y eso le rompió totalmente el corazón a su padre.
-¡Respóndeme, papá!- le exigía, mientras su expresión se tornaba oscura.
-Lo que dice tu padre es verdad, Kaede. El y yo... estamos envueltos en una relación amorosa.- admitió con cierta pesadez el rubio; esa pesadez que pensó que jamás sentiría, porque el hecho de estar junto a alguien que lo hacía feliz le parecía algo de lo que nunca tendría que avergonzarse.
-No... ¿por qué, Barnaby? Yo... sé que nunca te lo dije, pero si sabías que estaba enamorada de ti.... sé que soy muy chica todavía ¡pero sólo tenías que esperarme unos años! ¡¿Por qué, papá?! ¿Por qué me traicionaste de esta manera tan... descarada?-
-Kaede, espera...- dijo Muramasa.
-¡Nunca te cansas de lastimarme! Rompes tus promesas, eres mentiroso, nunca vienes a verme y ahora me has robado la oportunidad que yo más quería... ¡La oportunidad de estar con Barnaby!-
-¡Kaede, detente!- gritó la abuela.
-¿Pero sabes qué? ¡¿Sabes qué?! ¡Te odio! ¡Te odio y espero no verte nunca jamás...!-
-¡KAEDE, ES SUFICIENTE!- gritó Kotetsu en un tono que jamás nunca nadie había escuchado salir de su garganta, un tono desesperado y opresor. Barnaby sentía también la sangre hervir, pero se controló, ya que él consideraba que no tenía autoridad moral alguna para reprocharle cualquier cosa a la castaña; ella se limpió las lágrimas, pero aún con los ojos acuosos se acercó lentamente hasta quedar frente a frente con su padre, confrontándolo con el rostro. Su expresión seguía furibunda, temblaba de coraje mientras algunas nuevas lágrimas se seguían escapando de sus ojos, recorriéndole las mejillas. En un tono casi susurrado y con las mandíbulas apretadas a más no poder, dijo algo que su padre jamás podría olvidar:
-Estás muerto a mis ojos...-
La mano de Anju hizo un gran escándalo cuando se estrello contra la mejilla de la niña, interrumpiendo alguna otra cosa que estuviera por decir; la chica volteó con una expresión estupefacta: nunca se hubiera podido imaginar que su abuela levantara la mano en contra de ella. Su abuela... su propia abuela que la había criado en lugar de su padre y madre.... ¡De verdad la había golpeado!
-No voy a permitir que le hables así a tu padre. ¡Discúlpate con él!- reprochó Anju.
-No... ¡No lo voy a hacer! ¿Escucharon? ¡No me voy a disculpar por pensar como lo hago!- dijo mientras lloraba a cántaros y salía huyendo de la sala de estar para encerrarse en lo más profundo y recóndito de su habitación.
-Bueno... eso no salió muy bien.- dijo Muramasa rompiendo el silencio.
-Muchas gracias por el té, mamá. Creo que nos marcharemos ya... te llamaré al llegar.- Kotetsu no hacía contacto visual con nadie, sólo se limitó a disimular un poco el temblor de sus manos al meterlas a sus bolsillos.
-Lo entiendo, hijo. Cuídense mucho, chicos.- respondió la señora Kaburagi con un tono de voz muy desanimado.
-Lamento dejarte con el desastre que causé, te dejaré en la mesa del recibidor lo de este mes.- dijo, cuando sacó por un momento una de sus manos para indicar una despedida hacia su hermano y salir. Barnaby hizo una pequeña reverencia y salió detrás del tigre, quien dejó un sobre bastante inflado de dinero sobre una pequeña mesa en la entrada de la casa.
El tigre se adelantó algunos bastantes metros del conejo caminando a paso rápido, buscando con desespero su vehículo, cuando Bunny preocupado corrió a alcanzarlo, tomándolo por el brazo y obligándolo a voltear y darle la cara.
-¿Kotet...?- no terminó de preguntar cuando Tiger recargó su cabeza en el hombro del rubio y rompió a llorar.
Kotetsu T. Kaburagi, aquel hombre que Barnaby consideraba con cierta templanza emocional, que incluso en las situaciones más delicadas mostraba siempre una buena cara y actitud optimista, había perdido todo el sentido de discreción y estaba siendo arrasado por la tristeza y la impotencia.
-¡La he perdido, Barnaby! ¡La he perdido!- exclamaba mientras las lágrimas mojaban su rostro y la chaqueta blanca del conejo por montones, su voz se entrecortaba porque se empezaba a hiperventilar un poco debido a la desesperación que empezaba a inundar su cuerpo. Barnaby realmente no supo qué hacer, todo su lado analítico y lleno de protocolos de acción se quedó en blanco; lo único que acertó a hacer, fue guardar silencio, abrazar con recelo y cariño la cabeza de su amante y esperar a que éste terminara de llorar todo lo que tenía que llorar.
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Nathan se encontraba sentado en la barra del Hero Bar, tomando un cóctel Cosmopolitan (con un poco más de zumo de arándanos y tanto menos vodka del usual) mientras esperaba al héroe toro; Nate había citado a Antonio en el establecimiento para hablar de algunas cosas. Últimamente no podía dejar de pensar en lo que había pasado en la fiesta de Ryan Goldsmith, le parecía bastante extraño... no había sido la primera vez que alguno de sus amigos le salvaba la vida, aquella vez cuando se vio combatiendo con aquel sujeto en el exoesqueleto robótico de Ouroboros junto a Wild Tiger, ambos se apoyaron y se cubrieron las espaldas uno al otro. Y básicamente, cuando Johnny Wong, aquel villano NEXT lo había puesto a dormir y recordar todos sus miedos, impotencias, frustraciones y complejos a revivir de nuevo una y otra vez, ahí estuvieron sus amigos; apaciguando las flamas que desprendía inconscientemente y dándole palabras de aliento, esperando con angustia a que despertara.
-¡Nate! ¿Qué pasa?- preguntó Antonio en un saludo animoso, palmeándole la espalda con más delicadeza de la usual.
-Hola, Tonio.- correspondió el saludo llamando al moreno con un apodo con el que hasta hace poco lo había nombrado.
-¿Qué pasa, hombre? Te ves muy serio.- preguntó mientras se acomodaba en un lugar al lado del héroe de fuego y pedía un tarro de cerveza.
-He estado pensando un poco.... y pues me he dado cuenta de que nunca te agradecí por haberme salvado la vida.-
-¡Ah, eso! Nate, yo sé que si hubieras estado en mi lugar hubieras hecho lo mismo. Para eso estoy yo y todos nosotros, para cuidarnos.-
-Y... hablando con total honestidad, tengo que decirte que he estado pensando mucho en ti. No ha habido otra cosa en los últimos días en mi mente mas que tu rostro...- dijo un poco sonrojado, pero siguió viendo a los aceitunados ojos del hispano en todo momento.
-Nathan... ¿qué me estás tratando de decir?- preguntó Antonio al dar un gran sorbo de cerveza.
-Ni yo sé... pensé que si te veía y hablaba contigo un poco mis pensamientos se pondrían en claro, pero creo que no estaba en lo correcto...- dijo al darse un poco la vuelta, pero la gran mano de su amigo, aquella que era por mucho, más grande y tosca, sujetó su hombro con firmeza, mas no brusquedad.
-No hemos hablado lo suficiente... Mira, ¿qué tal si te pides otra de esta cosa roja o rosa y la bebes mientras charlamos un rato? ¿Te apetece?- preguntó entusiasta el hispano mientras señalaba el Cosmopolitan de Fire Emblem, quien se sonrió y aceptó con gusto la oferta que le proponían.- ¡Eso es!- exclamó Antonio cuando se terminó a una buena velocidad el líquido del contenedor y ordenaba una ronda más para ambos.
El hombre de las llamas no quería embriagarse, ya que aún recordaba con un poco de vergüenza que en la última borrachera que se permitió, casi lo asesinaban; pero no quería quedarse atrás. Antonio traía particularmente un muy buen humor aquel día y bebía tarro tras tarro de cerveza, a Nate le costaba mantener el ritmo del toro.... hasta que ambos terminaron ebrios, definitivamente no tan ebrios como en la mansión de Ryan, pero sí un tanto desorientados.
Cuando salieron del Hero Bar, ya se recargaban uno en el otro para poder caminar con cierto equilibrio, por supuesto que ninguno de los dos estaba en condiciones como para conducir, así que al salir, se dirigieron a la parada del transporte público para cada quién pedir un taxi que los llevara a sus respectivos domicilios.
No pasó mucho tiempo cuando la avenida cobró la vitalidad de la noche y se escuchaba el barullo de los automóviles que pasaban incesantemente, aunque cosa curiosa, aquella parada de transporte se encontraría vacía en ese momento de no ser por los morenos; se veía un taxi vacío a lo lejos, esperando a que el semáforo en rojo cambiara y le permitiera avanzar hasta llegar a los hombres, Antonio lo vio, y dadas las circunstancias de lo que habían platicado en el bar y de su condición "alegre", empezó a decir:
-Hey, Nate... ¿recuerdas que me dijiste que querías poner tus pensamientos en claro?-
-¿Qué con eso?- respondió con una ligera sonrisa.
-Creo que... voy a hacer algo que puede aclararte las cosas o complicártelas más ¿de acuerdo?-
-... de acuerdo.- accedió el moreno, y cuando Tonio dio la instrucción de que cerrara los ojos y Nathan obedeció... lo que sintió fue hermoso y devastador al mismo tiempo.
Los firmes y toscos labios del toro se habían plasmado con mucha delicadeza sobre los de Nate, pero una punzada en el corazón del héroe de fuego se dio prisa en hacerse notar. Seymore no tardó mas de seis o siete segundos en reaccionar, cuando con un poco de fuerza empujó a López, apartándolo bruscamente de él.
-¿Crees que estoy jugando, Antonio? ¿Crees que esto es un juego para mi? ¿Acaso crees que lo que estoy empezando a sentir por ti es una broma?- reclamaba evidentemente enojado, con cierta furia escapándose de sus rosados iris.
-¿Nathan...?-
-Estoy bien, me largo. Iré caminando a casa.- dijo cuando se dio media vuelta con el ceño fruncido.
-¡Espera! Deja que te acompañe...-
-Sé cuidarme solo, aunque no lo parezca.- se abrazó para cubrirse un poco del aire y empezó a caminar en línea recta hasta su hogar; Antonio no supo que hacer, así que cuando el taxi se acercó por fin y le indicó que quería usar el servicio de transporte, le hizo una seña de que esperara, rápidamente se acercó por detrás de Nate y cubrió los delicados hombros de Seymore con su chaqueta, para después regresar al vehículo y marcarse. Nathan se asomó por encima de su hombro aún con la mirada molesta, para después permitirse soltar una diminuta lágrima y continuar su camino.
sábado, 4 de abril de 2015
miércoles, 1 de abril de 2015
Su Majestad: Rey(na) de los Héroes. Capítulo 9. Confrontaciones Pre-destinadas, parte I.
NDA: En éste capítulo manejo contenido religioso, así que con esta nota, quiero avisar y dejar en claro que no busco ofender a nadie ni dar a conocer mi punto de vista en este aspecto.
No se si lo notaron en el capítulo anterior, pero manejo a Frank Martínez como un personaje altamente religioso. Dada la advertencia, les invito a seguir leyendo este capítulo 9 del fic. Gracias por leer.
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Lunatic volaba por los aires, impulsado por ráfagas de su hermoso fuego azul y verde; sin perder de vista al hombre castaño que corría a una velocidad impresionante, alejándose rápidamente de la lastimada mansión Goldsmith. Con él, llevaba envuelta a esta persona en lo que parecía ser un campo de energía, y aquel moreno se veía molesto, inclusive furibundo.
Después de unos cientos de metros de carrera, Lunatic decidió que ya había sido suficiente, con una de sus flechas les cortó el camino en un callejón, poniendo ardiente fuego azul de los dos lados del camino; los hombres se detuvieron en seco, pero el castaño protegía en todo momento al moreno, y sin dejarlo salir de la esfera de energía, se postró para enfrentar al vengador nocturno. Lunatic aterrizó, el fuego ardía gloriosamente justo por detrás de él y miró con detalle sólo para terminar de cerciorarse de algo que ya sabía.
-¿Quieres matarnos, Lunatic? Pues hoy no te la pondré fácil.- espetó el hombre castaño con una pose defensiva. El vengador de fuego giró un poco su cabeza y dijo aquello que sabía que sólo aquella persona podría entender. Eso que siempre decía, su lema, pero que estaba seguro que el hombre moreno entendería mejor que nadie.
-Thanatos siempre habla con la verdad...-
-Jason... ¡Jason!- gritó Frank, con cierto nerviosismo en la voz. Su aprendiz hizo caso y le hizo señas de que lo dejara salir del escudo que lo protegía, y aunque el castaño lo dudó por un instante, sabía que su maestro sabía lo que hacía y obedeció. Se dirigió al vengador, viendo directamente a los grandes ojos de la máscara de Lunatic.- Yo... reconozco tu voz. ¿Eres quien creo que eres?-
Y justo en ése momento, Lunatic hizo lo impensable, lo descabellado. Algo que jamás nadie (ni él mismo) pensó que haría: dirigió una de sus manos a su máscara y se la retiró, dejándola caer a un lado suyo como si se tratase de cualquier otro objeto sin importancia, después de eso se sonrió levemente.
-Así que tu... eras NEXT después de todo... Yuri.-
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(FLASHBACK - Hace poco más de diecinueve años... )
Yuri Petrov tenía ya un par de años de haberse graduado de la escuela de leyes como el mejor de su generación, y gracias a su título "summa cum laude" no le costó mayor trabajo entrar a la Oficina de Justicia, pero sí fue gracias a su impecable trabajo que consiguió llamar la atención del Juez en turno, lo suficiente como para que lo hiciera su asistente personal, prometiéndole así que cuando él se jubilara, Yuri ocuparía la silla que el Juez ocupaba.
Pero en realidad no todo era miel sobre hojuelas en su vida, ya que cada día que pasaba lo torturaban las dolorosas memorias de su padre, los incesantes delirios de su madre y las quemaduras en su rostro, aquellas que lo marcaron esa fatídica tarde y que diariamente se cubría con maquillaje, ardían igual que aquella vez.
Hubo un momento en el que Yuri llegó a su límite, tan desesperado se encontraba que incluso pensó en rendirse de una vez por todas y ceder su vida a la tierra; pero no podía, no porque tuviera mucho que perder o miedo a la muerte, claro que no. Sólo se le hacía una salida fácil, cobarde y demasiado patética a todos sus problemas, así que ése mismo día, con todo y que el muchacho andaba en sus veintitantos y ya estaba experimentando una crisis propia de los que llegaron a la plenitud de la mediana edad... decidió ir a buscar consuelo espiritual a una comunidad cristiana.
Entró a un recinto donde sólo había sillas y un estrado vacío hasta el fondo, con algunas personas reunidas en un espacio de la habitación hablando despectiva y lastimosamente sobre lo mal que Yuri se encontraba, pensando que él no los escuchaba. Al querer marcharse, fastidiado de lo poco reconfortante e increíblemente hipócrita del ambiente, se dio la vuelta, hasta que vio a un hombre que parecía estar rezando y sobre una biblia, las largas y blanco-pálidas manos del individuo.
Pensó que realmente no debía irse de ahí con las manos vacías, después de todo, no tenía nada que perder; se acercó donde el hombre y sentándose a su lado, se dispuso a escuchar las tantas palabras que salían de su garganta, en un tono poco audible. El hombre aquel era de cabello relativamente largo, negro y tenía unas facciones duras pero finas; sintió de inmediato cuando Yuri se acercó a él, pero no le dio mayor importancia y siguió con lo suyo.
-... permíteme continuar con mis tareas aquí, en el mundano espacio terrenal y terminar mi misión, aquella por la que me diste estos dones, mi señor.- finalizó. Yuri vio como el hombre se comunicaba con la deidad y quiso hacer lo mismo.
-Yo... yo no te conozco y hasta ahora no tenía la necesidad de recurrir a ti, pero... si pudieras tan sólo decirme o mandarme una señal de que mi vida sigue valiendo la pena... no sé, tal vez un motivo para quedarme...- decía Yuri, muy serio y mirando fijamente la biblia que el hombre a su lado sostenía con anhelo.
-Para mi tu vida no vale la pena, siéndote sincero, pero si el creador hizo que nos encontráramos justo aquí, justo ahora y justo así... tal vez esta es la señal por la que tanto pedías.- dijo el moreno, Yuri encontró su comentario extraño, ya que le resultó tanto desagradable como reconfortante.
-Y justo hoy. Hoy es el aniversario de la muerte de mi padre.- dijo con cierta pesadez, recordando como accidentalmente prendió el cuerpo de Mr. Legend en un azul envolvente.
-Si el creador quiso unirlo a sus filas, es porque lo necesitaba.-
-En parte fue mi culpa...-
-Corrígeme si me equivoco: ¿estás aquí para encontrar algún tipo de perdón?- preguntó el hombre moreno en un tono un tanto irónico, el cual Yuri no pasó desapercibido.
-Supongo que quiero intentar perdonarme a mi mismo, pero no puedo.-
-Los humanos son tan mundanos... el único lugar en donde obtendrás perdón o no es allá arriba, siendo juzgado por el creador.- el peliblanco asintió con pesadez, ya que las palabras del moreno empezaban a tener cierto sentido, si no podría recibir perdón en esta vida, tal vez sería en la siguiente, confrontando a su padre en los reinos espirituales. Pero también analizó las palabras que este hombre había dicho: "dones, humanos". Decía aquellas palabras como si despreciara a los mismos humanos con los que convivía, y dijo "dones" como si tuviera algún tipo de poder que los demás no. Tal vez este hombre podía ser NEXT, pero había que ser bastante perspicaz para poder deducirlo tan rápido y con pocas pistas. Yuri se consideraba muy atento y efectivamente, perspicaz, pero también muy inteligente, así que lo mejor para el en ésta situación, era oír, ver y callar.
-¿Y tu? ¿Tu qué pedías?- preguntó el peliblanco, sin despagar la mirada de las largas manos de la elegante biblia que sostenía el hombre.
-Que me permitiera continuar con la misión para la que nací, sólo eso.-
-Ya veo...-
-Tu no crees en este señor ¿cierto? No te culpo, yo tampoco lo hago, sólo se que aunque esta biblia, libro sagrado que ha sido contaminado por ideas paganas durante todos estos años por personas que buscaban poder y riqueza, sigue teniendo un trasfondo divino. Que el creador no es como lo pintan aquí. El creador lo es todo y nada y tiene formas distintas y distantes. Las mitologías y religiones de todo el mundo le ponen nombre, voz y voluntades diferentes a las originales, pero el creador es el mismo en cada una de ellas.- Yuri pensó aquello por un momento, para después preguntar:
-¿Y crees que cada quien adopte la imagen o voluntad del que más le convenga?-
-Eso es lo que pasa en el mundo. Tu... tu tienes un alma que se ve a leguas que está contaminada por la muerte y el dolor: rinde alabanzas a Thanatos y encuentra tu redención.-
-¿Thanatos...?- preguntó Yuri, curioso de escuchar ese nombre por primera vez.
-Es la personificación griega de una de las muchas caras del creador: La personificación de la muerte sin violencia. El creador, en forma de Thanatos recibe a los que han muerto sin sufrir físicamente y los que han muerto sin violencia emocional, que es el caso de los que perecen en situaciones accidentales.- aquello de inmediato atrajo al joven Yuri a querer saber más sobre esta deidad.
-¿Quieres decir que el creador da la vida igual que puede quitarla?-
-Así es...- dijo, riendo levemente, como si estuviera orgulloso de algo.- Debo irme ya.- se irguió de su lugar, tomo celosamente su libro sagrado y se dirigió a la salida.
Yuri estaba totalmente conmovido por la firmeza y confianza de este hombre, sintió como si el lo pudiera salvar, o mejor dicho, guiarlo en su camino para salvarse a sí mismo de una vida de tormento psicológico constante y aterrador.
-¡Espera! ¿Cuál es tu nombre?- preguntó el peliblanco volteándose hacia la salida, donde ya se encontraba el moreno, quien dudó por un momento, pero después se dignó a contestar con un poco más de calidez.
-Frank.- el peliblanco se levantó y le extendió su mano.
-Yuri, Yuri Petrov.- Frank vio con desprecio la mano que le ofrecía una cálida presentación, pero por alguna razón este simplón humano le daba buena espina, así que correspondió el apretón de manos.
-Thanatos es para ti, Yuri. Thanatos siempre habla con la verdad.- dicho esto, se fue.
Así pasaron nueve años, Yuri iba diario a aquel recinto a aquella hora sólo para encontrarse con Frank; había crecido en él una necesidad de que este hombre se convirtiera en su guía para levantarlo de la inminente ignominia en la que se estaba hundiendo. Incluso Frank le había tomado cariño al "humano simplón" como le gustaba llamarlo algunas veces. El ferviente creyente llenaba la cabeza de Yuri con textos antiguos, filosofía griega y romana, le enseño algunas bases del latín y básicamente lo mantenía distraído de todo aquello que lo atormentaba, aunque no sabía lo que era exactamente. Un día simplemente Frank dejó de ir al lugar donde se reunían diariamente, pero su último regalo para Yuri fue la biblia que sostenía la primera vez que se conocieron con una nota dentro:
"El estúpido de mi hermano, incluso desde prisión, ha empezado a hacer sus habituales locuras junto a su (aún más imbécil) novia y un tipo llamado Chuck; están haciendo una clase de plan. No es mi intención detenerlos, pero se que cuando fracasen (y lo harán) alguien tendrá que continuar con lo que sea que hayan empezado; así que iré a viajar por el mundo juntando reclutando gente con dones que me ayuden a acabar lo que inicien. Adiós, buen amigo, encuentra tu camino a la redención para que reines junto a mi... junto a la legión del creador."
Con esto supo que tal vez jamás vería de nuevo a Frank, y aunque eso fue un golpe extremadamente duro para él, supo lo que había que hacer.
Con todo el dolor de su alma, tomó valor suficiente, no para perdonarse, si no para vivir con ello y tolerar la muerte de su padre justo y tal como le había enseñado Frank: siendo fuerte y no permitiéndole a nadie ver su faceta más vulnerable. Ahí nació la idea de Lunatic, alguien que por fin podría expiar a los criminales con las abrasadoras llamas de la redención, enviándolos a Thanatos para que dispusiera de aquellas almas, porque... Thanatos siempre habla con la verdad.
(Fin FLASHBACK)
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-¿Alguna otra cosa que se te haya olvidado decirme, Yuri?- preguntó Frank, en un tono evidentemente molesto. El peliblanco, dejando su máscara a un lado e importándole nada la pregunta del pálido moreno, se abalanzó a abrazarlo con desespero; su voz se tensó, pero no permitió que se quebrara.
-Pensé que nunca te volvería a ver, amigo mío.- Frank rodó los ojos fastidiado, pero aunque su cara seguía denotando enojo, devolvió el abrazo con la misma calidez con la que lo recibió.
-¿Por qué nunca me dijiste que eras NEXT, Yuri? Se muy bien que en algún momento de los primeros años que pasamos juntos, te diste cuenta de que yo también era uno.-
-Si, pero nunca hice comentarios al respecto porque quería que llegara el momento en el que me lo confesaras con tu propia voz... Y nunca te dije que yo era uno, porque... fue así como murió a mi padre.-
-El primer día que nos conocimos mencionaste que cuando tu padre se había reunido con el creador había sido en parte tu culpa. ¿A eso te referías? ¿Tu don te controló y lo asesinaste accidentalmente?- Yuri se irguió, era verdad lo que decía el moreno, asintió con pesadez y el rostro tenso.- ¿Thanatos te ha llevado a la redención, mi amigo?-
-Perdí mi camino cuando te fuiste. Thanatos me ha enseñado que los criminales pueden ser expiados de sus crímenes: mi camino al paraíso está cimentado por los agravios de los delincuentes, ahí me confrontaré con mi padre. Ahí encontraré mi redención.-
Frank sintió como si el arduo trabajo de un campesino lo hubiera llevado a una cosecha fructuosa; como si una gran inversión resultara en incontables ganancias: Frank se sentía orgulloso del hombre en el que su amigo, Yuri Petrov, se había convertido.
-Únete a mi, amigo mío. Juntos dominaremos el mundano espacio terrenal para ascender con gloria al reino del creador.-
-¿Cuál es tu misión?- preguntó con mucha curiosidad y emoción.
-Mi estúpido hermano, Jake, quiso conquistar y vencer, pero sólo fue vencido gracias a su ego y displicencia a las jerarquías, pero su misión de querer que los seres NEXT dominemos este globo era más que acertada; nuestro problema son los supuestos "héroes" de esta ciudad como los de las demás. Los seres NEXT rezagados a los deseos humanos deberían morir al igual que sus menos desarrollados parientes, por lo mientras, ya he acabado con su supuesto rey. Tengo un séquito de NEXTs a los que fui reclutando estos años y los que había dentro de Ouroboros; Jason aquí presente es mi más fuerte y fiel aprendiz, pero contigo seremos invencibles, mi amigo. ¿Qué dices? Tecum vivit et regnat*.-
[*En latín: "Vive y reina."]
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-Ya está reaccionando... ¿Señor Goodman? ¿Qué tal se siente?-
Habían pasado unas cinco horas desde que Barnaby había llevado a un muy malherido Keith desde la desastrosa mansión Goldsmith al ala de urgencias, sus signos vitales estaban peligrosamente bajos al momento de internarlo, pero ahora que el Doctor Halsey se había encargado personalmente de verificar que el proceso de extracción del veneno fuera completamente seguro y exitoso, sólo debían esperar que Sky High recuperara energías. Halsey vio como Keith abría los ojos lentamente, tomó una pequeña lámpara para revisar las pupilas del héroes, revisó su ritmo cardíaco y apuntó el progreso en el expediente médico.
-¿Qué ha pasado...?- dijo, mientras intentaba que la cegadora luz no lo deslumbrara, mientras se sobaba la cabeza con una de sus manos.
-Doctor... ¿podría dejarnos un momento a solas? Le avisaré inmediatamente si le ocurre algo.- dijo con pesadez una voz muy familiar para él.
-Intente no agitarlo mucho, Ivan.- hizo una reverencia y el Doctor se marchó, cerrando la puerta de la habitación tras de sí.
Ivan se sentía muy culpable por lo que Keith estaba viviendo; entendía perfectamente que el ataque de Frank y Jason no lo podía haber evitado, pero lo que sí pudo haber hecho, era comportarse y no enfurecer más al enemigo.
-¿Cómo se siente, Keith?- preguntó sonrojado y con la cabeza gacha.
-Origami... ¿En dónde estamos?- decía un poco cansado.
-En el hospital. Frank Martínez le disparó y cayó inconsciente unos minutos después.-
-Es verdad... recuerdo que me quité una espina dorada del pecho y... y que me salvaste Ivan. Gracias, y de nuevo, muchas gracias...- dijo esbozando una ligera sonrisa, con los párpados pesándole y extendiendo una de sus manos para alcanzar las del muchacho. El joven se sonrojó más de la cuenta, el contacto de las suaves manos del héroe del aire le parecían algo parecido a un placer culposo, suave como las mismas nubes muy seguramente y aunque débil, firme al mismo tiempo. Pero sobre todo, se sintió sumamente apenado porque le dijera que lo salvó cuando el pensaba... o sabía que había sido por sus faltas que se encontraban en aquel lugar.
-Nada de eso, por favor. Si no hubiera hecho burla de Jason Keyes, nada de esto le hubiera sucedido, Keith. Fue mi culpa, estoy muy arrepentido y le ofrezco mis más sinceras disculpas.- se inclinó un poco para reverenciar al héroe herido, pero éste lo vio con mucha extrañeza.
-Ivan, tu me salvaste. Si no hubieras empujado a Jason, no sé que habría sucedido. Tal vez ya no estaría aquí...-
El silencio se hizo presente, el héroe del aire estaba demasiado aferrado a la idea de Origami salvando su vida que el mismo muchacho no podía hacerlo cambiar de opinión. Realmente él esperaba que la culpa le fuera echada en cara y disculparse y enmendar sus errores, ya estaba preparado mentalmente para ello, pero que en vez de ello le dieran las gracias por haber impedido lo que él mismo comenzó (según él), le parecía extraño, sacándolo así de sus protocolos de disculpa apropiados.
-¿Sabes cuando me darán de alta? Necesito hacerme cargo de John ¿sabes?-
-No se preocupe, ya he ido a su hogar a alimentarlo y pasearlo una hora... como usted acostumbra hacerlo.-
-¿De verdad? ¡Oh, gracias, Ivan..!- dijo, pero el héroe comenzó a toser un poco. Ivan se levantó y se dirigió a la puerta de la habitación.
-Iré por el doctor...- pero la suave mano de Keith lo detuvo.
-No es necesario... sólo... quédate aquí.- Ivan se sorprendió un poco, y aunque obedeció, Keith no retiró su mano.
Mientras Keith se sentía aliviado y tranquilo de que alguien estuviera ahí para el, Ivan por su parte, se sentía intranquilo. Su honor le exigía saldar la deuda, que aunque no fuera reconocida por el héroe del aire, estaba presente. El plan de acción que planeó rápidamente para poner en marcha a corto plazo era simple: superarse realmente a sí mismo, pero no para sumar más puntos en los marcadores de Hero TV, sino para poder estar a la altura de su colega y poder hacerse llamar digno compañero; aunque el verdadero trasfondo era que quería proteger a Sky High, y tal vez en un punto, poder llegar a salvar su vida de verdad.
Miraba como Keith descansaba tan plácidamente cuando una enfermera le avisó que en unos minutos tendría que salir de la habitación para que el doctor pudiera continuar con los chequeos; el asintió, se puso de pies pero antes de salir, se acercó y puso una mano suavemente sobre la frente de Keith.
-Lo compensaré... lo juro.- dijo finalmente, pero sintió la necesidad de propinarle un delicado y sutil beso entre los ojos. Levemente sonrojado, le dedicó una última mirada y salió de la habitación.
No se si lo notaron en el capítulo anterior, pero manejo a Frank Martínez como un personaje altamente religioso. Dada la advertencia, les invito a seguir leyendo este capítulo 9 del fic. Gracias por leer.
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Lunatic volaba por los aires, impulsado por ráfagas de su hermoso fuego azul y verde; sin perder de vista al hombre castaño que corría a una velocidad impresionante, alejándose rápidamente de la lastimada mansión Goldsmith. Con él, llevaba envuelta a esta persona en lo que parecía ser un campo de energía, y aquel moreno se veía molesto, inclusive furibundo.
Después de unos cientos de metros de carrera, Lunatic decidió que ya había sido suficiente, con una de sus flechas les cortó el camino en un callejón, poniendo ardiente fuego azul de los dos lados del camino; los hombres se detuvieron en seco, pero el castaño protegía en todo momento al moreno, y sin dejarlo salir de la esfera de energía, se postró para enfrentar al vengador nocturno. Lunatic aterrizó, el fuego ardía gloriosamente justo por detrás de él y miró con detalle sólo para terminar de cerciorarse de algo que ya sabía.
-¿Quieres matarnos, Lunatic? Pues hoy no te la pondré fácil.- espetó el hombre castaño con una pose defensiva. El vengador de fuego giró un poco su cabeza y dijo aquello que sabía que sólo aquella persona podría entender. Eso que siempre decía, su lema, pero que estaba seguro que el hombre moreno entendería mejor que nadie.
-Thanatos siempre habla con la verdad...-
-Jason... ¡Jason!- gritó Frank, con cierto nerviosismo en la voz. Su aprendiz hizo caso y le hizo señas de que lo dejara salir del escudo que lo protegía, y aunque el castaño lo dudó por un instante, sabía que su maestro sabía lo que hacía y obedeció. Se dirigió al vengador, viendo directamente a los grandes ojos de la máscara de Lunatic.- Yo... reconozco tu voz. ¿Eres quien creo que eres?-
Y justo en ése momento, Lunatic hizo lo impensable, lo descabellado. Algo que jamás nadie (ni él mismo) pensó que haría: dirigió una de sus manos a su máscara y se la retiró, dejándola caer a un lado suyo como si se tratase de cualquier otro objeto sin importancia, después de eso se sonrió levemente.
-Así que tu... eras NEXT después de todo... Yuri.-
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(FLASHBACK - Hace poco más de diecinueve años... )
Yuri Petrov tenía ya un par de años de haberse graduado de la escuela de leyes como el mejor de su generación, y gracias a su título "summa cum laude" no le costó mayor trabajo entrar a la Oficina de Justicia, pero sí fue gracias a su impecable trabajo que consiguió llamar la atención del Juez en turno, lo suficiente como para que lo hiciera su asistente personal, prometiéndole así que cuando él se jubilara, Yuri ocuparía la silla que el Juez ocupaba.
Pero en realidad no todo era miel sobre hojuelas en su vida, ya que cada día que pasaba lo torturaban las dolorosas memorias de su padre, los incesantes delirios de su madre y las quemaduras en su rostro, aquellas que lo marcaron esa fatídica tarde y que diariamente se cubría con maquillaje, ardían igual que aquella vez.
Hubo un momento en el que Yuri llegó a su límite, tan desesperado se encontraba que incluso pensó en rendirse de una vez por todas y ceder su vida a la tierra; pero no podía, no porque tuviera mucho que perder o miedo a la muerte, claro que no. Sólo se le hacía una salida fácil, cobarde y demasiado patética a todos sus problemas, así que ése mismo día, con todo y que el muchacho andaba en sus veintitantos y ya estaba experimentando una crisis propia de los que llegaron a la plenitud de la mediana edad... decidió ir a buscar consuelo espiritual a una comunidad cristiana.
Entró a un recinto donde sólo había sillas y un estrado vacío hasta el fondo, con algunas personas reunidas en un espacio de la habitación hablando despectiva y lastimosamente sobre lo mal que Yuri se encontraba, pensando que él no los escuchaba. Al querer marcharse, fastidiado de lo poco reconfortante e increíblemente hipócrita del ambiente, se dio la vuelta, hasta que vio a un hombre que parecía estar rezando y sobre una biblia, las largas y blanco-pálidas manos del individuo.
Pensó que realmente no debía irse de ahí con las manos vacías, después de todo, no tenía nada que perder; se acercó donde el hombre y sentándose a su lado, se dispuso a escuchar las tantas palabras que salían de su garganta, en un tono poco audible. El hombre aquel era de cabello relativamente largo, negro y tenía unas facciones duras pero finas; sintió de inmediato cuando Yuri se acercó a él, pero no le dio mayor importancia y siguió con lo suyo.
-... permíteme continuar con mis tareas aquí, en el mundano espacio terrenal y terminar mi misión, aquella por la que me diste estos dones, mi señor.- finalizó. Yuri vio como el hombre se comunicaba con la deidad y quiso hacer lo mismo.
-Yo... yo no te conozco y hasta ahora no tenía la necesidad de recurrir a ti, pero... si pudieras tan sólo decirme o mandarme una señal de que mi vida sigue valiendo la pena... no sé, tal vez un motivo para quedarme...- decía Yuri, muy serio y mirando fijamente la biblia que el hombre a su lado sostenía con anhelo.
-Para mi tu vida no vale la pena, siéndote sincero, pero si el creador hizo que nos encontráramos justo aquí, justo ahora y justo así... tal vez esta es la señal por la que tanto pedías.- dijo el moreno, Yuri encontró su comentario extraño, ya que le resultó tanto desagradable como reconfortante.
-Y justo hoy. Hoy es el aniversario de la muerte de mi padre.- dijo con cierta pesadez, recordando como accidentalmente prendió el cuerpo de Mr. Legend en un azul envolvente.
-Si el creador quiso unirlo a sus filas, es porque lo necesitaba.-
-En parte fue mi culpa...-
-Corrígeme si me equivoco: ¿estás aquí para encontrar algún tipo de perdón?- preguntó el hombre moreno en un tono un tanto irónico, el cual Yuri no pasó desapercibido.
-Supongo que quiero intentar perdonarme a mi mismo, pero no puedo.-
-Los humanos son tan mundanos... el único lugar en donde obtendrás perdón o no es allá arriba, siendo juzgado por el creador.- el peliblanco asintió con pesadez, ya que las palabras del moreno empezaban a tener cierto sentido, si no podría recibir perdón en esta vida, tal vez sería en la siguiente, confrontando a su padre en los reinos espirituales. Pero también analizó las palabras que este hombre había dicho: "dones, humanos". Decía aquellas palabras como si despreciara a los mismos humanos con los que convivía, y dijo "dones" como si tuviera algún tipo de poder que los demás no. Tal vez este hombre podía ser NEXT, pero había que ser bastante perspicaz para poder deducirlo tan rápido y con pocas pistas. Yuri se consideraba muy atento y efectivamente, perspicaz, pero también muy inteligente, así que lo mejor para el en ésta situación, era oír, ver y callar.
-¿Y tu? ¿Tu qué pedías?- preguntó el peliblanco, sin despagar la mirada de las largas manos de la elegante biblia que sostenía el hombre.
-Que me permitiera continuar con la misión para la que nací, sólo eso.-
-Ya veo...-
-Tu no crees en este señor ¿cierto? No te culpo, yo tampoco lo hago, sólo se que aunque esta biblia, libro sagrado que ha sido contaminado por ideas paganas durante todos estos años por personas que buscaban poder y riqueza, sigue teniendo un trasfondo divino. Que el creador no es como lo pintan aquí. El creador lo es todo y nada y tiene formas distintas y distantes. Las mitologías y religiones de todo el mundo le ponen nombre, voz y voluntades diferentes a las originales, pero el creador es el mismo en cada una de ellas.- Yuri pensó aquello por un momento, para después preguntar:
-¿Y crees que cada quien adopte la imagen o voluntad del que más le convenga?-
-Eso es lo que pasa en el mundo. Tu... tu tienes un alma que se ve a leguas que está contaminada por la muerte y el dolor: rinde alabanzas a Thanatos y encuentra tu redención.-
-¿Thanatos...?- preguntó Yuri, curioso de escuchar ese nombre por primera vez.
-Es la personificación griega de una de las muchas caras del creador: La personificación de la muerte sin violencia. El creador, en forma de Thanatos recibe a los que han muerto sin sufrir físicamente y los que han muerto sin violencia emocional, que es el caso de los que perecen en situaciones accidentales.- aquello de inmediato atrajo al joven Yuri a querer saber más sobre esta deidad.
-¿Quieres decir que el creador da la vida igual que puede quitarla?-
-Así es...- dijo, riendo levemente, como si estuviera orgulloso de algo.- Debo irme ya.- se irguió de su lugar, tomo celosamente su libro sagrado y se dirigió a la salida.
Yuri estaba totalmente conmovido por la firmeza y confianza de este hombre, sintió como si el lo pudiera salvar, o mejor dicho, guiarlo en su camino para salvarse a sí mismo de una vida de tormento psicológico constante y aterrador.
-¡Espera! ¿Cuál es tu nombre?- preguntó el peliblanco volteándose hacia la salida, donde ya se encontraba el moreno, quien dudó por un momento, pero después se dignó a contestar con un poco más de calidez.
-Frank.- el peliblanco se levantó y le extendió su mano.
-Yuri, Yuri Petrov.- Frank vio con desprecio la mano que le ofrecía una cálida presentación, pero por alguna razón este simplón humano le daba buena espina, así que correspondió el apretón de manos.
-Thanatos es para ti, Yuri. Thanatos siempre habla con la verdad.- dicho esto, se fue.
Así pasaron nueve años, Yuri iba diario a aquel recinto a aquella hora sólo para encontrarse con Frank; había crecido en él una necesidad de que este hombre se convirtiera en su guía para levantarlo de la inminente ignominia en la que se estaba hundiendo. Incluso Frank le había tomado cariño al "humano simplón" como le gustaba llamarlo algunas veces. El ferviente creyente llenaba la cabeza de Yuri con textos antiguos, filosofía griega y romana, le enseño algunas bases del latín y básicamente lo mantenía distraído de todo aquello que lo atormentaba, aunque no sabía lo que era exactamente. Un día simplemente Frank dejó de ir al lugar donde se reunían diariamente, pero su último regalo para Yuri fue la biblia que sostenía la primera vez que se conocieron con una nota dentro:
"El estúpido de mi hermano, incluso desde prisión, ha empezado a hacer sus habituales locuras junto a su (aún más imbécil) novia y un tipo llamado Chuck; están haciendo una clase de plan. No es mi intención detenerlos, pero se que cuando fracasen (y lo harán) alguien tendrá que continuar con lo que sea que hayan empezado; así que iré a viajar por el mundo juntando reclutando gente con dones que me ayuden a acabar lo que inicien. Adiós, buen amigo, encuentra tu camino a la redención para que reines junto a mi... junto a la legión del creador."
Con esto supo que tal vez jamás vería de nuevo a Frank, y aunque eso fue un golpe extremadamente duro para él, supo lo que había que hacer.
Con todo el dolor de su alma, tomó valor suficiente, no para perdonarse, si no para vivir con ello y tolerar la muerte de su padre justo y tal como le había enseñado Frank: siendo fuerte y no permitiéndole a nadie ver su faceta más vulnerable. Ahí nació la idea de Lunatic, alguien que por fin podría expiar a los criminales con las abrasadoras llamas de la redención, enviándolos a Thanatos para que dispusiera de aquellas almas, porque... Thanatos siempre habla con la verdad.
(Fin FLASHBACK)
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-¿Alguna otra cosa que se te haya olvidado decirme, Yuri?- preguntó Frank, en un tono evidentemente molesto. El peliblanco, dejando su máscara a un lado e importándole nada la pregunta del pálido moreno, se abalanzó a abrazarlo con desespero; su voz se tensó, pero no permitió que se quebrara.
-Pensé que nunca te volvería a ver, amigo mío.- Frank rodó los ojos fastidiado, pero aunque su cara seguía denotando enojo, devolvió el abrazo con la misma calidez con la que lo recibió.
-¿Por qué nunca me dijiste que eras NEXT, Yuri? Se muy bien que en algún momento de los primeros años que pasamos juntos, te diste cuenta de que yo también era uno.-
-Si, pero nunca hice comentarios al respecto porque quería que llegara el momento en el que me lo confesaras con tu propia voz... Y nunca te dije que yo era uno, porque... fue así como murió a mi padre.-
-El primer día que nos conocimos mencionaste que cuando tu padre se había reunido con el creador había sido en parte tu culpa. ¿A eso te referías? ¿Tu don te controló y lo asesinaste accidentalmente?- Yuri se irguió, era verdad lo que decía el moreno, asintió con pesadez y el rostro tenso.- ¿Thanatos te ha llevado a la redención, mi amigo?-
-Perdí mi camino cuando te fuiste. Thanatos me ha enseñado que los criminales pueden ser expiados de sus crímenes: mi camino al paraíso está cimentado por los agravios de los delincuentes, ahí me confrontaré con mi padre. Ahí encontraré mi redención.-
Frank sintió como si el arduo trabajo de un campesino lo hubiera llevado a una cosecha fructuosa; como si una gran inversión resultara en incontables ganancias: Frank se sentía orgulloso del hombre en el que su amigo, Yuri Petrov, se había convertido.
-Únete a mi, amigo mío. Juntos dominaremos el mundano espacio terrenal para ascender con gloria al reino del creador.-
-¿Cuál es tu misión?- preguntó con mucha curiosidad y emoción.
-Mi estúpido hermano, Jake, quiso conquistar y vencer, pero sólo fue vencido gracias a su ego y displicencia a las jerarquías, pero su misión de querer que los seres NEXT dominemos este globo era más que acertada; nuestro problema son los supuestos "héroes" de esta ciudad como los de las demás. Los seres NEXT rezagados a los deseos humanos deberían morir al igual que sus menos desarrollados parientes, por lo mientras, ya he acabado con su supuesto rey. Tengo un séquito de NEXTs a los que fui reclutando estos años y los que había dentro de Ouroboros; Jason aquí presente es mi más fuerte y fiel aprendiz, pero contigo seremos invencibles, mi amigo. ¿Qué dices? Tecum vivit et regnat*.-
[*En latín: "Vive y reina."]
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-Ya está reaccionando... ¿Señor Goodman? ¿Qué tal se siente?-
Habían pasado unas cinco horas desde que Barnaby había llevado a un muy malherido Keith desde la desastrosa mansión Goldsmith al ala de urgencias, sus signos vitales estaban peligrosamente bajos al momento de internarlo, pero ahora que el Doctor Halsey se había encargado personalmente de verificar que el proceso de extracción del veneno fuera completamente seguro y exitoso, sólo debían esperar que Sky High recuperara energías. Halsey vio como Keith abría los ojos lentamente, tomó una pequeña lámpara para revisar las pupilas del héroes, revisó su ritmo cardíaco y apuntó el progreso en el expediente médico.
-¿Qué ha pasado...?- dijo, mientras intentaba que la cegadora luz no lo deslumbrara, mientras se sobaba la cabeza con una de sus manos.
-Doctor... ¿podría dejarnos un momento a solas? Le avisaré inmediatamente si le ocurre algo.- dijo con pesadez una voz muy familiar para él.
-Intente no agitarlo mucho, Ivan.- hizo una reverencia y el Doctor se marchó, cerrando la puerta de la habitación tras de sí.
Ivan se sentía muy culpable por lo que Keith estaba viviendo; entendía perfectamente que el ataque de Frank y Jason no lo podía haber evitado, pero lo que sí pudo haber hecho, era comportarse y no enfurecer más al enemigo.
-¿Cómo se siente, Keith?- preguntó sonrojado y con la cabeza gacha.
-Origami... ¿En dónde estamos?- decía un poco cansado.
-En el hospital. Frank Martínez le disparó y cayó inconsciente unos minutos después.-
-Es verdad... recuerdo que me quité una espina dorada del pecho y... y que me salvaste Ivan. Gracias, y de nuevo, muchas gracias...- dijo esbozando una ligera sonrisa, con los párpados pesándole y extendiendo una de sus manos para alcanzar las del muchacho. El joven se sonrojó más de la cuenta, el contacto de las suaves manos del héroe del aire le parecían algo parecido a un placer culposo, suave como las mismas nubes muy seguramente y aunque débil, firme al mismo tiempo. Pero sobre todo, se sintió sumamente apenado porque le dijera que lo salvó cuando el pensaba... o sabía que había sido por sus faltas que se encontraban en aquel lugar.
-Nada de eso, por favor. Si no hubiera hecho burla de Jason Keyes, nada de esto le hubiera sucedido, Keith. Fue mi culpa, estoy muy arrepentido y le ofrezco mis más sinceras disculpas.- se inclinó un poco para reverenciar al héroe herido, pero éste lo vio con mucha extrañeza.
-Ivan, tu me salvaste. Si no hubieras empujado a Jason, no sé que habría sucedido. Tal vez ya no estaría aquí...-
El silencio se hizo presente, el héroe del aire estaba demasiado aferrado a la idea de Origami salvando su vida que el mismo muchacho no podía hacerlo cambiar de opinión. Realmente él esperaba que la culpa le fuera echada en cara y disculparse y enmendar sus errores, ya estaba preparado mentalmente para ello, pero que en vez de ello le dieran las gracias por haber impedido lo que él mismo comenzó (según él), le parecía extraño, sacándolo así de sus protocolos de disculpa apropiados.
-¿Sabes cuando me darán de alta? Necesito hacerme cargo de John ¿sabes?-
-No se preocupe, ya he ido a su hogar a alimentarlo y pasearlo una hora... como usted acostumbra hacerlo.-
-¿De verdad? ¡Oh, gracias, Ivan..!- dijo, pero el héroe comenzó a toser un poco. Ivan se levantó y se dirigió a la puerta de la habitación.
-Iré por el doctor...- pero la suave mano de Keith lo detuvo.
-No es necesario... sólo... quédate aquí.- Ivan se sorprendió un poco, y aunque obedeció, Keith no retiró su mano.
Mientras Keith se sentía aliviado y tranquilo de que alguien estuviera ahí para el, Ivan por su parte, se sentía intranquilo. Su honor le exigía saldar la deuda, que aunque no fuera reconocida por el héroe del aire, estaba presente. El plan de acción que planeó rápidamente para poner en marcha a corto plazo era simple: superarse realmente a sí mismo, pero no para sumar más puntos en los marcadores de Hero TV, sino para poder estar a la altura de su colega y poder hacerse llamar digno compañero; aunque el verdadero trasfondo era que quería proteger a Sky High, y tal vez en un punto, poder llegar a salvar su vida de verdad.
Miraba como Keith descansaba tan plácidamente cuando una enfermera le avisó que en unos minutos tendría que salir de la habitación para que el doctor pudiera continuar con los chequeos; el asintió, se puso de pies pero antes de salir, se acercó y puso una mano suavemente sobre la frente de Keith.
-Lo compensaré... lo juro.- dijo finalmente, pero sintió la necesidad de propinarle un delicado y sutil beso entre los ojos. Levemente sonrojado, le dedicó una última mirada y salió de la habitación.
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